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Te extraño Perú 

 

Cuarta parte de la leyenda inka

"Pacctallantay"-el reto del Tahuantinsuyo.

 

Agustín Cruz Morales.

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Cuarta parte: 

  Durante el trayecto... aun Pacctallantay no salía de su asombro. Nunca había visto una ciudad tan grande, y aquel movimiento que había visto en Chiclayo, lo había perturbado.
Justamente iba pensando en eso, cuando la voz de Ángel lo interrumpió.
-¿Qué pasa... amigo, porqué estás tan pensativo?... ¡cuéntame!-
-Es que mientras más conozco este mundo exterior, más y más me asombro. Sabes bien que yo nunca había visto nada de esto-
- Claro... y sabes que yo te entiendo. Pero no hay de que preocuparse, pues todo es normal. Lo que pasa es que con el progreso alcanzado en muchos siglos, la humanidad ha realizado grandes logros.
-Cuando lleguemos a Lima, ya conocerás muchas cosas más. Por ejemplo... la radio, la televisión, la prensa, el Internet, los aviones, los trenes, el teléfono....en fin muchas cosas más.
-¿Sabes?... más bien, lo que tenemos que hacer, es idear la forma de encontrar a Estrellita. Porqué como te darás cuenta, seguro tendremos algunos impedimentos.
Con cierta ansiedad, el príncipe heredero buscó entre sus pertenencias, una fotografía de la chica. La guardaba desde aquella vez, que la encontró, subiendo a Cascadén.
Al encontrarla... la tomó con suavidad, y sus ojos se llenaron de un sublime brillo, con tan sólo mirarla.
-Mmmhhh... vamos a ver... ¡muéstramela! por cierto amigo, que la señorita. Estrellita es muy linda. ¿Sabes?... lo que sí me preocupa, es que algún familiar se oponga a nuestra visita, impidiendo que veamos a tu amada.
Por eso debemos ser cautelosos. Te digo una cosa...estas familias adineradas,... a veces son muy complicadas.-terminó de comentar Ángel-
Después de eso... pareció sumirse en un mundo de meditaciones, quedándose callado y sereno.
Al verlo así, tan absorto, Pacctallantay no quiso interrumpirlo, y con la mirada recorrió el interior del bus.
-¡Si mi padre viera todo esto!...- se dijo a si mismo- estaría tan asombrado como yo.
-Mmmhhh... pero claro, como no lo había pensado. Con aquel progreso que me contó Ángel -pensó mientras se movía nervioso en su asiento- estos hombres habrán fabricado armas muy poderosas. Me preocupa el ejército de mi padre...pero, no, ¡No lo creo! parece que estoy... preocupado en vano.
El príncipe heredero del imperio en zozobra, tuvo mil imaginaciones, antes de quedarse dormido en su asiento. Para él, lo más agotador del viaje, era estar sentado tantas horas en el mismo lugar. Acostumbrado a moverse con impetuosidad por las andinas cordilleras... en esos momentos, se sentía prisionero de aquel viaje.
Ya comenzaba a amanecer... cuando Ángel se paró de su asiento, despertando con su movimiento, al futuro inca.
-¡Aaahhhhh!...-exclamó mientras estiraba los brazos hacía arriba- ahora si creo... que nos estamos acercando a Lima. Nos faltarán unas cuatro horas... pues ya pasamos barranca-
¿Y Ángel, ya pensaste que vamos a hacer, cuando lleguemos a Lima?
-¡Si! lo estuve pensando. Mira, primero buscaremos un lugar donde acomodarnos. Yo había pensado en un hotel, pero pensándolo mejor... es más conveniente para nosotros, alquilar un cuarto, pues debemos tener independencia, para entrar o salir, a cualquier hora...
-No te preocupes amigo - dijo mientras palmoteaba con suavidad sus hombros- como ves he pensado en todo. Ten fe que todo va a salir bien. Vas a ver, como vamos a romper los obstáculos, para que Estrellita y tú... sean para siempre felices-
-¿Qué te puedo decir?... confió en ti Ángel... sólo espero que todo salga como queremos.-
-Así será...así será-
Al paso de dos horas, el ómnibus hizo su entrada a Lima. La gran ciudad lucía como siempre, agitada. Pero lo que llamó la atención de los amigos, fue una gran marcha de protesta, llena de pancartas y banderolas. La gente protestaba contra el gobierno por la falta de trabajo, y la gran desigualdad social.
-¿Trabajo?... ¿Qué falta trabajo?...-pensó en sus adentros Pacctallantay, mientras recordaba al campamento Pachacutec- allá lo que más hay es trabajo, pues todos trabajamos, hasta las mujeres... en fin... no entiendo-
Los huelguistas gritaban... y agitaban a la vez sus carteles, y banderolas, dando un matiz colorido, totalmente agitado, a aquella mañana capitalina.
Cuando al fin, el ómnibus se abrió paso, dejando atrás la protesta, Pacctallantay fijó la mirada en los semáforos, pues llamaron su atención.
-¿Qué son esos pequeños soles, que cambian de color, allí arriba? -Preguntó intrigado- ¿acaso son hijos de mi padre el sol?-
-¡No!... ja- ja- ja-ja... ¡no! -Respondió riéndose Ángel- aquellas cosas las llaman semáforos, y sirven para guiar el transito. Hay muchos en la ciudad... ya los veras.-
Pacctallantay se dio cuenta que le faltaban muchas cosas por conocer, y aprender. Que iría de sorpresa en sorpresa, así que mejor las miraría con cautela y disimulo, y ya no haría muchas preguntas, para no provocar la risa de su buen amigo.
Aún seguía cautivo de su curiosidad, cuando sintió que el ómnibus se detenía... luego una voz amable, dijo a los viajeros.
-Señores... hemos llegado al terminal. Están ustedes servidos. Por favor bajen con cuidado, y no olviden sus pertenencias... ¡gracias por viajar con nosotros!
-Ya llegamos -dijo Ángel- tomemos nuestras cosas para salir. Lo primero qué haremos, será comprar un periódico, allí buscaremos en los anuncios clasificados, el alquiler de un departamento. Ojalá encontremos uno, qué esté cerca, a la dirección de tu amada.
-Bueno pues... vamos -respondió mientras cogían sus pertenencias, para salir a la calle.
Una vez afuera... Ángel compró un diario. Después de buscar y buscar, encontró lo que buscaba.
-Mira amigo...aquí hay un departamento, justo por el sitio que buscaba. Está algo cerca de la dirección de Estrellita... así que vamos a ver si lo alquilamos.
-dijo mientras que con el brazo hacía detener un taxi para llegar a la dirección-
Subieron al automóvil, y Pacctallantay tocó con asombro los suaves asientos del vehículo. Pero como había decidido no preguntar nada, para evitar la risa de Ángel, se quedó callado.
Los grandes carteles publicitarios, aún llamaban su atención. Y los movimientos rápidos de la capital, trajeron a su mente, los días belicosos y agitados, en el campamento Pachacutec, cuando su padre, preparaba la reconquista del Tahuantinsuyo.
-Mi padre... ¿Cómo estarán allá?.. Sólo el amor por Estrellita, hizo que me aleje de ellos. Pero pronto la encontraré, y juntos volveremos, para estar todos unidos. Yo se que al final mi padre comprenderá, y nos dará su aprobación-
-Muy bien jóvenes -se escuchó la voz del taxista mientras estacionaba el automóvil- hemos llegado. Aquella casa que esta al frente, es la dirección que buscan. Allí pueden preguntar lo que desean saber-
-Está bien señor, gracias -dijo Ángel mientras bajaban, y pagaba el servicio-
Al llegar a la casa Ángel tocó el timbre, y esperaron un rato. Cuando la puerta se abrió, una agraciada chica los recibió.
-Buen día señorita. Dígame... ¿es aquí donde alquilan un departamento?-
-Si señor... pero si quiere alquilarlo, tiene que hablar con mi patrona. Ella es la dueña. Pasen y tomen asiento, que enseguida le aviso a la señora-
La joven se retiró, y luego de diez minutos... apareció la dueña del departamento-
- ¡Si... jóvenes!... díganme... ¿qué desean?-
-Buen día señora, hemos visto en el diario, que está alquilando un departamento, quisiéramos verlo-
-Muy bien... entonces síganme, se los enseñaré-
Después de enseñarles el departamento, les dio el precio. A Ángel le pareció un precio justo. Por eso después de consultarlo con Pacctallantay, lo alquilaron. Allí estarían el tiempo necesario, hasta encontrar a Estrellita
Así, pasó una semana... y ya se encontraban cómodamente instalados en su nueva vivienda.
Después vendieron otro objeto de oro... y compraron todo lo que necesitaban, para vivir un buen tiempo allí. Desde ropas, muebles, camas, sillas, mesas, radio, televisor... en fin todo lo necesario.
La señora del alquiler les daba pensión alimenticia, Y Ángel compraba todos los días los periódicos, pues de cuando en cuando, le enseñaba leer, a Pacctallantay. Al joven lo que más le llamaba la atención era la televisión. Pasaba largas horas mirando las películas, y los noticieros. Poco a poco se iba acostumbrando a ese mundo, y ya casi nada causaba su asombro.
Ya habían pasado quince días, desde que los amigos llegaron a la capital, y fue por eso, que Ángel decidió, buscar a Estrellita, y así lo hicieron aquella mañana.
Todavía era muy temprano, cuando los dos amigos salieron raudos del departamento, dispuestos a encontrarla.
Así, se internaron en la gran capital, y ya no descansarían, hasta hacer realidad, el motivo, que los llevó tan lejos.

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Ollancarchy... ¡Señor de los Andes!

¡OLLANCARCHY!... ¡insigne por siempre!

Pero...mientras tanto... ¿qué había sucedido con Ollancarchy... el inca reinante? después de lanzar su recalcitrante enérgico, y esperado... grito...
= ¡¡Guerreros al ataaaaqquuuueeeeeeee!!=
Pues...después de lanzar aquel imponente desafío, que estremeció, con gran furor y enojo, a las altivas cordilleras Cajamarquinas, el inca reinante, y su indómito ejercito, comenzaron la embestida.
Así, en su afán de conquistar Cajamarca, galopaba incesante, mientras un gran eco... viajaba por todos los rincones de la altiva cordillera, llevando consigo el imponente sentimiento, del augusto, y sin igual hijo del Tahuantinsuyo... Cual insoslayable, e incontenible inquietud, eterna, de una raza Indómita, y jamás perecible.
Enorme era la furia expresada en los rostros pintados, de los guerreros andinos, pues al cabalgar
espoleando los corceles, seguían a todo galope a Ollancarchy, que galopaba secundado por los comandantes de su ejército, los cuales, además de sus armas, flameaban orgullosos, las banderas coloridas, que representaban al Tahuantinsuyo.
Sólo bastaron algunos minutos... para que hicieran su belicosa entrada... en la apacible Cajamarca.
Las calles de la ciudad, de pronto se vieron invadidas por el ejercito libertador... que casi llegaba a los cinco mil combatientes.
La inmensa polvareda, que se había levantado en el lugar, se mezclaba con los relinchos de los caballos, y los gritos furiosos de los guerreros andinos.
De primer momento, la población pensó que se trataba de una gran teatrelización pública. De una gran exhibición turística, en homenaje al imperio de los incas.
Al sentir de cerca, tan imponente espectáculo, mucha gente trató de acercarse a los guerreros, sin darse cuenta del grave peligro que corrían.
Muchas personas inocentes, resultaron heridas, alcanzadas por las lanzas, huaracas, y algunos disparos.
Algunos efectivos policiales, al ver el improvisado espectáculo, se acercaron para darle la seguridad del caso, Sin embargo, al darse cuenta de su error, muy confundidos, llamaron inmediatamente, a la central de turismo.
Al contestarles, el presidente de la central de turismo, les confirmó inmediatamente que ellos no habían preparado nada. Entonces, se dieron cuenta, del grave peligro qué corría la ciudad.
Preocupados avisaron a su comandancia, y a la comandancia del ejército, luego alertaron a la gente, utilizando las sirenas, y las circulinas de las patrullas. Después... por los altavoces, sin perdida de tiempo, ordenaron enérgicos, a los pobladores, que abandonen las calles, y busquen refugio en sus hogares.
La gente muy asustada, comenzó a correr en distintas direcciones, buscando un lugar seguro. Todos en ese momento, querían estar lejos de aquel lugar.
Fue en ese preciso instante... que el jefe de turismo, al darse cuenta, de tan extraordinarios hechos. Inmediatamente salió, a buscar desesperadamente, al general de las fuerzas armadas, destacado en Cajamarca.
Debido a su gran olfato... y su basta experiencia, el jefe de turismo se dio cuenta rápido, que aquellos valientes que estaban invadiendo Cajamarca debían pertenecer con seguridad a un clan incaico, a punto de desaparecer. ¡Los quería vivos!
Cuando llegó a la oficina del general, le contó inmediatamente lo que sospechaba.
El militar escuchó con cautela, las sospechas de su informante, y al darse cuenta de tan extraordinario hecho, salió a evitar la tragedia.
Ya los soldados al mando de un coronel, se encontraban listos, para iniciar con ráfagas de metralleta, una feroz balacera. El general al llegar acompañado por el presidente de la central de turismo... ordenó que inmediatamente se detenga la acción. Que no se haga un sólo disparo, contra el ejército de Ollancarchy.
Fue entonces... que los policías, con sus escudos y el rocha bus, trataron de frenar la arremetida de los guerreros, sin lograrlo.
El general, el coronel, y el presidente de la central de turismo, entraron en un salón vacío, para encontrar una rápida salida a la crisis. Una salida que les permita conservar vivos, a los últimos descendientes del imperio del sol.
Luego de algunos debates... ellos encontraron el esperado acuerdo. El general llamó al coronel, y le ordenó tajantemente, no cometer ningún error, en la estrategia que se iba a realizar.

Esta sería así: los soldados lanzarían ráfagas de metralleta al aire, con el único propósito de amedrentar a los guerreros, obligándolos a seguir un camino ya trazado. Por otro lado, un gran grupo de policías... lanzarían bombas lacrimógenas, para sembrar el desconcierto, entre los combatientes.
Simultáneamente... se formaría un camino, cercado por las tanquetas, los rocha bus y todos los carros policiales. Esta ruta tenía que llegar, y llevar, hasta la entrada del estadio. Esto se haría así, para que en su desconcierto... Ollancarchy y sus guerreros, entren sin querer, al gran estadio Cajamarquino. La enorme capacidad del estadio, albergaría por buen tiempo, a los últimos hijos del imperio del sol, hasta encontrar una solución definitiva, al problema.
Así fue... los soldados y policías, rodearon al ejército imperial, y luego de escuchar la orden del oficial, comenzaron a disparar al aire... enloquecedoras ráfagas de metralleta.
Ollancarchy y sus guerreros, se mantuvieron firmes e indómitos, sin embargo, los caballos comenzaron a inquietarse tanto, que llegaron a desobedecer a los valientes del Tahuantinsuyo. Fue en esos momentos que una gran cantidad de bombas lacrimógenas cayó sobre los libertadores.
Al sentir el efecto lacrimógeno de las bombas, los caballos se desbocaron en desordenada huida, siguiendo por instinto, el camino que habían formado los soldados, con las tanquetas, y los carros policiales. Así, desobedeciendo a sus amos... los caballos emprendieron una veloz carrera, hacía el estadio.
Las enormes puertas del estadio, ya estaban abiertas, y el ejército de Ollancarchy... hizo su ya programada entrada, al gran coloso. Los caballos ya desbocados en su carrera, entraban en el estadio, llevando consigo a todo el ejército inca.
El último en entrar fue Ollancarchy. Poseído por el espíritu guerrero de Huayna-Capac, el inca reinante, había logrado dominar su caballo, y se encontraba listo para enfrentar al enemigo, ofrendando su vida. De pronto... vio, que una bomba lacrimógena había caído en el interior del estadio. Preocupado por los guerreros que ya estaban adentro, galopó raudo hasta el coloso. Al entrar, comprobó que todo estaba bien. Entonces quiso ordenar la salida, pero las puertas del estadio se cerraron, dejando a todos los vengadores del Tahuantinsuyo encerrados.
Rápidamente, el gran estadio, fue rodeado por los soldados, y por un impresionante número de tanquetas, y carros policiales, que encendiendo sus sirenas, dieron un aire dramático al lugar.
El cielo Cajamarquino lucía insondable, y el sol imponente, parecía complacido, al contemplar los inusuales acontecimientos, como si siempre, hubiera esperado, ese momento inolvidable.
Ollancarchy detuvo su corcel, quedándose quieto un momento. Luego extendiendo sus gruesos brazos al cielo, miró con rebeldía los alrededores, del estadio, donde estaban encerrados.
Después, aun montado, se quitó la capa dorada que cubría su espalda, entonces, su cuerpo pareció absorber, en los rayos del sol, la fuerza mística que necesitaba.
Al bajar del corcel, pareció haber recobrado las fuerzas, que le hacían falta... Entonces ordenó a todos sus guerreros, apearse de los caballos. Estos fueron amarrados al fondo, y ellos tomaron sus posiciones de combate.
Luego miró a todos lados... Como buscando una solución. Fijó su atención en les tribunas, y junto a los cinco comandantes, comenzó a subir las gradas, hasta llegar a la cumbre.
Con mucha cautela... miraron a través de las hendijas de los carteles de publicidad, al exterior, entonces vieron, como un enorme despliegue, conformado por policías, militares, periodistas, y curiosos... llenaban los alrededores del estadio.
Pero de todo eso, lo que más llamó la atención a los vengadores andinos... fueron los vehículos tanto policiales, militares, y las ambulancias, que con sus sirenas, y sus multicolores circulinas... daban un drama especial, al belicoso ambiente.
El inca y los comandantes, siguieron mirando a través de los carteles publicitarios, lo que acontecía afuera. Su instinto guerrero, le decía, que debía estudiar bien a su enemigo, para poder enfrentarlo. Fue por eso que decidió seguir mirando con cautela, desde su improvisado escondite, luego tomaría decisiones definitivas.
Mientras eso ocurría en Cajamarca... en el Perú y el mundo, los medios de comunicación, comenzaron a difundir la noticia. Así en todas partes, la radio, la prensa y la televisión... mostraban a todos, el maravilloso acontecimiento.

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Mientras tanto... aquella tarde, Pacctallantay el heredero de Ollancarchy, regresó temprano a casa, en compañía de Ángel.
Ya habían encontrado la dirección de Estrellita, más no pudieron hablar con ella, pues la joven había salido de la ciudad, a realizar un curso universitario; y todavía no regresaba.
Al acomodarse en su sillón, el joven encendió el televisor, para entretenerse. Sin embargo... grande muy grande, fue el impacto que sufrió... al ver, y escuchar la noticia, que causaba conmoción en todo el país.
Los camarógrafos habían logrado grabar, algunas imágenes del ejército inca, con Ollancarchy a la cabeza, las cuales eran difundidas por los canales de TV. Muy consternado, reconoció inmediatamente a su padre, y a los héroes de Tahuantinsuyo
Estremecido y sacudido, por aquella mezcla de incertidumbre rabia, dolor, tristeza y alegría... no supo que hacer.
Ahora... él ya sabía bien, la verdad de nuestra historia. Sabía, como había pasado todo, a través de estos siglos, y que los peruanos de ahora, no tenían culpa del pasado. Además entre ellos estaba Estrellita... por eso... se sentía entre la espada y la pared.
No pudo controlarse más, por eso, inquieto el príncipe heredero se levantó bruscamente del sillón, seguido por la mirada de Ángel, que ya se había dado cuenta de lo que ocurría

-Ángel...-con la mirada llena de angustia, se dirigió enfático, a su amigo- dime ¿Qué está ocurriendo con mi padre?... ¿y donde queda ese lugar donde está atrapado?... ¡habla ya!-
-Cálmate amigo... cálmate ya -pidió Ángel al darse cuenta de su dolor- yo te explicaré... según las noticias que están pasado, tu padre está atrapado en Cajamarca. Esto queda cerca, del campamento donde naciste, a unos cuantos kilómetros.
-Pero no temas, pues según las noticias, no piensan hacerles daño. Yo creo más bien, que el problema está con tu padre, pues él no va a entender así nomás las cosas... y seguirá luchando por sus ideales.
Ojalá y esto no desencadene una cruento combate, con resultados que tengamos que lamentar.-
Pacctallantay se dejó caer abatido en el sillón, para cubrirse el rostro con las manos.
Inquietantes pensamientos y punzantes deseos furtivos, cruzaron por su mente. Que hubiera dado, por encontrar una solución salomónica a la crisis.
Transcurrieron algunos minutos, de pronto se paró bruscamente, para empezar una inacabable, y nerviosa caminata, mientras era seguido por la mirada interrogante, de su amigo.

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Simultáneamente al otro lado del país, el presidente de la central de turismo, acompañado siempre del general de división, y otras autoridades... escuchaba atento, entre maravillado y preocupado, los furiosos gritos de guerra que salían del interior del estadio.
Poseído por el fuerte espíritu guerrero de los incas Ollancarchy arengaba en belicosas, y fuertes frases de revancha, a su ejército libertador.
El Tahuantinsuyo lejano y añejo... se estremecía, y sentía en los espíritus de sus últimos hijos, la autenticidad de su historia, y el orgullo de su linaje. ¡Sí!... de aquel gran linaje inacabable, que estaba dispuesto a la ofrenda suprema, ¡sacrificar su vida, por el imperio del sol!
Los nombres de Manco-Capac, Yaguar-Huaca, Huiracocha, Manco-Inca, Sinchy-Roca, Mayta-Roca, Lloque-yupanqui Tupac amaru Pachacutec, Huayna Capac, Huascar, Atahualpa...y del mismo Ayar-Sinchy... eran coreados con enorme fuerza y furor, en el interior del gran estadio. Los guerreros, estrujaban en la furia de sus corazones, el olvido para su raza... y la rabia contenida durante todos estos siglos de olvido, Reclamarían con sus vidas, las tierras que fueron arrebatadas por extraños, a sus antepasados, sin olvidar las lágrimas, la mita, la esclavitud cruel y ominosa, bajo el látigo tirano, que tanto y tanto daño hizo, al imperio del sol, cuando saquearon su riqueza
Allí también se sentía inmensa, la gran rebelión de tantos caciques y mártires, que murieron luchando por la libertad, e independencia de la amada tierra. Tupac-Amaru, Micaela bastidas, Andrés A. Cáceres, Grau, Bolognesi, Juan Valer, y tantos más, que en
esos momentos parecían fortalecer, al ejército imperial.
Sintiendo gran estremecimiento por todos los poros... el presidente de la central de turismo, y el general, se dieron cuenta que no iban a solucionar fácilmente el problema. Los dos hombres cruzaron miradas, con infinita incertidumbre... cuando de pronto, sonó el celular del militar.
Al contestar... el general tomó inmediatamente una posición marcial, muy seria y formal, pues era el mismísimo presidente de la republica, quien junto al ministro del interior, al enterarse de los hechos, llamaba para pedir explicación de los sucesos.
-Señor presidente... es un gran honor... estoy a sus ordenes...
-Oiga usted general...-preguntó enérgico- deseo saber exactamente... ¿Qué está sucediendo allá? Y contra quienes estamos luchando-
Confundido... sin saber que contestar, miró al jefe de turismo, buscando en él, la respuesta, para su superior. Éste, al darse cuenta que el militar, no podía responder, le quitó el teléfono... y con respeto contestó...
-Señor presidente... escuche, todavía no tenemos la confirmación exacta, pero estamos casi seguros, que se trata de un clan inca, que ha sobrevivido, conservándose intacto a través de los siglos, bajo extrañas circunstancias. Todos visten igual que los habitantes del antiguo Tahuantinsuyo, y en sus gritos de guerra... reclaman furiosos por el imperio del sol-
Al otro lado de la línea el presidente había quedado maravillado, al escuchar la noticia.
-Oiga usted...-volvió a hablar resueltamente- si eso que me está diciendo, es verdad... ¿se da cuenta lo maravilloso qué sería... y el impacto positivo que tendría en el mundo?... mi gobierno sería admirado en todo el planeta, y yo pasaría a la historia. Definitivamente... quiero vivos a estos hermanos. Captúrenlos sin hacerles daño, que yo estoy viajando sin demora para allá. ¡Es una orden!
Ahora el jefe de turismo, miró desconcertado, y nervioso al general, cuando escuchó la orden presidencial. La gran pregunta era ahora... ¿cómo darían solución a este drama?
Mientras tanto... en el interior del gran estadio... Olancarchy y los cinco comandantes, miraban con furia, lo que afuera ocurría. Analizaban la gran cantidad de gente que los rodeaba, y el gran despliegue de personas, que iba y venía, tratando de saber lo que pasaba.
Sin embargo, el inca ya se había dado cuenta, que los invasores, por el momento, aún no pensaban atacarlos, y esto, le dio cierta calma. Entonces dejando de mirar hacía afuera, comenzó a bajar las gradas del estadio, seguido por sus súbditos. Parecía que mientras sobrio, avanzaba al centro del campo, deportivo, ya había concebido una nueva estrategia a seguir.
-Vengan... acérquense -les ordenó- pues tenemos que idear lo que vamos a hacer, en adelante.
-Escuchen, como se habrán dado cuenta, estamos encerrados, y tal parece que el enemigo sólo espera la hora precisa para atacar. Tenemos que estar alertas, todo este tiempo, pues el futuro de esta victoria, y de las otras, está en juego.
¡No podemos descuidar nada! Aquí todo sigue igual que antes... y como ya sabemos, nuestras vidas pertenecen al imperio. Mi padre el sol nos dará otra vez la victoria, y cuando dejemos nuestros lugares... otros vendrán a luchar, por esta noble causa. Yo Ollancarchy el inca reinante... ¡así lo reconozco!-
-Sin embargo... a ustedes les digo -habló mientras fruncía el ceño- que esto lo manejaremos, de manera audaz, e inteligente.
-Ustedes... ¡vengan acá!-... -llamó a los comandantes - ¡necesito refortalecerme!
-Señor...-dijeron todos al unísono- tu voluntad será cumplida.-
Fue entonces... que en una especie de preparada ceremonia, muy ancestral, fue alzado en hombros por sus guerreros. Otros... formando una especie de pirámide humana, adoptaron en forma colectiva, una pose única, con la cual en forma de espejo, reflejaban el sol hacía el inca.
Rápido y muy intenso...Ollancarchy sintió en su enorme cuerpo, las caricias del astro rey. Y en sus rayos, por un instante que pareció eterno... encontró una plática intima con el apu del imperio.
Con los brazos en alto, con el sunturpauccar en la mano derecha, y la mascapaycha en su cabeza... reflejaba la furia de aquel reclamo inmenso y profundo, que cual pira, parecía encenderse más...y más. Luego, fue paseado en hombros por todo el estadio. Mientras otros guerreros, con enorme devoción, cuidaban de su capa rojiza... arengando fuertemente, frases de pundonor.
El robusto cuerpo del inca, ya parecía impregnado de aquella aura que llegaba al misticismo.
Sus ojos fijos, refulgían recalcitrantes, destellos de inquieta luz, y el viento que llegó refrescante, en ese momento, movió en caricias, las largas cabelleras... de los hijos del Tahuantinsuyo. Entonces fue bajado de hombros y todos, absolutamente todos... bajaron sus rostros al suelo.
Ollancarchy avanzó unos pasos adelante, y dio la espalda a sus súbditos, que parecían mimetizados, en el campo de juego. Luego de casi media hora de profunda sensación... giró... quedando frente a sus guerreros.
Su rostro adusto, enérgico y duro... miró así, con gran amargura aquel insondable cielo, para hurgarlo con la mirada. Buscando tal vez respuestas, o quizás consejos de sus antepasados. Buscó en el cielo, el rostro de Huayna-Capac,, de Atahualpa, o del mismo Tupac Amaru.
La mezcla de amargura, rencor, y dolor... que se veía en su rostro, pareció agitarse más y más... cuando enérgico les dijo...
-Después de haber mirado desde allá
-Señaló la parte alta de las tribunas- me he dado cuenta, que el enemigo es más numeroso, y está mejor preparado que nosotros.
Sin embargo, nosotros no le tememos a nadie. Nuestro reto es firme y único, pues nosotros nos preparamos para recuperar el tahuantinsuyo... ¡Y así lo haremos!... aunque todos encontremos la muerte en el intento.-
Después dio unos pasos adelante... y al girar bruscamente les dijo...
-Voy a tomar las cosas con calma... la mesura va a ser nuestra aliada.
Escuchen con atención... me he dado cuenta que el enemigo por ahora no piensa atacar. Y todavía me pregunto ¿porqué será?...
Entonces, nosotros vamos a esperar, como espera el puma, allá en su madriguera, y cuando decidan atacar... ¡acabaremos con ellos!...-
-Ven aquellos lugares -señaló cinco puntos altos del estadio- allí vamos poner guardianes para que nos avisen de cualquier ataque. ¡Debemos estar alertas siempre!
-En aquellos lugares -señaló el interior de los camerinos- allí reposaré. Sin embargo esta noche con mis colaboradores, encontraré la solución definitiva, para lanzar nuestro grito de victoria... ¡así lo he decidido! -Terminó diciendo-
Rápidos y muy cautelosos... los cinco comandantes, precedieron el avance del monarca. Y junto a un grupo de guerreros, formaron una especie de camino, que señalaba la entrada al camerino, por donde avanzó Ollancarcchy, pasando revista a sus tropas.
Luego el ejército en pleno, ocupó las partes estratégicas del enorme coloso, como...entradas, salidas, el centro del campo y las partes altas de las tribunas. Con las armas listas para cualquier ataque, quedaron en silencio... sólo esperando, la orden de su señor.

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Mientras tanto, en la capital... Pacctallantay seguía a través de todos los medios de comunicación, los sucesos referentes, a su padre. Era tanta su preocupación, que hasta se había olvidado de la búsqueda de Estrellita.
Todavía, no había amanecido... cuando el príncipe heredero, dejó abruptamente la cama, pues no durmió toda esa noche.
-Ya no puedo esperar más tiempo amigo mío -miró con angustia las paredes- las noticias dicen que no quieren hacerles daño... pero conozco a mi padre, y se que él no va a estar quieto mucho tiempo. Y en cualquier momento decidirá atacar.
Así que lo mejor será que viajemos para allá, y yo hable con él. Entonces trataré de explicarle las cosas, y ojalá -respiró como buscando consuelo- ojalá me entienda...y pueda evitar esta absurda guerra.
-Mira... para nosotros, incluso para mí... todo es aún confuso, y se nos hace difícil aceptar la realidad, que ahora vive el Tahuantinsuyo. Pero... -calló por un momento- así están las cosas y nada las va a cambiar.
¡Nadie es culpable!... por otro lado, si quiero vivir con Estrellita, tengo que evitar este enfrentamiento entre hermanos. Por lo tanto compañero -miró decidido a Ángel- alistemos rápido nuestras cosas... pues no quiero llegar tarde, y después lamentar una desgracia... apurémonos.-
Ángel buscó decidido las pequeñas mochilas, para guardar las cosas necesarias para el viaje. Después de cambiarse de ropa, salieron rumbo a la agencia, en busca del ómnibus que los llevaría a Cajamarca.
Ya era casi las dos de la tarde, cuando empezaron el viaje. Fue durante el trayecto, un poco más calmado, que Pacctallantay se acordó de Estrellita, al sentir el frescor de la noche. La había buscado incesantemente los últimos días sin encontrarla. Por eso el príncipe heredero, se sentía como acorralado. Sin embargo, él había tomado ya una decisión... y la cumpliría.
Al día siguiente, llegaron casi a las diez de la mañana. Cajamarca se encontraba convulsionada, debido a los acontecimientos que vivía. Fue por eso que el ómnibus no ingresó, al centro de la ciudad, dejando a los pasajeros, casi a las afueras de la misma.
Pacctallantay y Ángel tomaron sus pertenencias, y luego de bajar del vehículo, enrumbaron al lugar donde se estaban realizando los hechos.
Vehículos tanto militares, como policiales, patrullas, motocicletas, tanquetas, y un impresionante número de policías y militares acordonaban casi 15 cuadras de distancia alejando de esta manera a la población civil, del estadio.
Pacctallantay y Ángel, al darse cuenta de esto, entendieron que no iba a ser fácil para ellos, llegar hasta donde estaba Ollancarchy.
-Parémonos aquí, y descansemos un poco -dijo jadeante Ángel - tenemos que pensar, como vamos hacer, para que puedas hablar con tu padre.
-Todo el lugar está acordonado, y no dejan que ningún civil se acerque al estadio. Ven... -dijo señalando una acera- acá sentémonos un rato, y tomemos las cosas con calma.
-Mira -le dijo- si les decimos a algunos de estos militares, que tú eras el hijo del inca, creo que no te van a creer, y te van a tomar por loco. A lo mejor nos meten presos, y eso no nos conviene -Ángel se rascó por un momento la cabeza, como signo de preocupación, y le dijo- tomemos las cosas con calma... pues de verdad te digo, que la única forma de llegar donde tu padre, es colándonos entre los vigilantes. ¡Ah!... pero si nos descubren... bueno... ya sabes lo qué nos espera-
Pacctallantay no hablaba... tan sólo escuchaba y meditaba, pues era verdad las cosas no iban a ser fáciles, sin embargo, durante aquel descanso, evaluaría todo, y luego, ya calmado, tomaría una decisión definitiva.

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Simultáneamente... allá en la capital... y por ironía del destino, Estrellita se encontraba mirando a través de la televisión, las impactantes noticias sobre Ollancarchy.
No sabía porque pero algo dentro de su corazón, le avisaba de un intimo y extraño lazo, entre su amado Pacctallantay, y los guerreros del Tahuantinsuyo.
Sin darse cuenta... casi sin querer, mientras la televisión pasaba las impactantes imágenes... ella se sintió cerca de Cascadén.
Para alegría o tristeza de su corazón, volvió a revivir todos los momentos sublimes, que pasó al lado de Pacctallantay.
Como olvidar lo que ya estaba impregnado en su corazón, en sus sentimientos, en su ser. Fue así, desde aquella primera vez que lo vio, luego su entrega. Y aquella tarde cuando llenos de promesas al despedirse... prometieron amarse, más y más, hasta la eternidad.
Algunas lágrimas con mezcla de dolor, y alegría, asomaron por las bellas pupilas de la joven. Alegría... por que sabía que él también la amaba... y que pronto estarían juntos. Pero también dolor... porque desde aquella tarde no lo había vuelto a ver y cuando se ama, cada segundo sin el ser amado... es una eternidad.
Estaba tan sumida en sus recuerdos, que no se percató de la presencia de su fiel nana que llegando a su lado, le ofreció un vaso con agua, sacándola de sus recuerdos.
-¡Oh! Niña... otra vez triste... ¿porqué?... tenga esperanza, ya verá que pronto todo cambiará, y será feliz-
Secando sus lágrimas, al sentir consuelo, en la cercanía de la nana, Estrellita hizo esfuerzos por sonreír.
-Vamos niña... usted me prometió que hoy íbamos a salir de compras, y no me vaya a fallar... porque ya estoy lista. Además quiero pasear un poco contigo, mi niña. Hace tiempo que no lo hacemos-
-¡Ah... si...es verdad!... ya lo había olvidado. Bueno, vamos... tal vez así me distraiga un poco. Pero eso si, después me acompañas al jardín, pues necesito ordenar mis pensamientos. Ojalá que en el silencio, encuentre el alivio, que busca mi corazón.
¿Sabes nana?... lo amo tanto, que sólo quisiera saber donde se encuentra, para correr a su lado. ¿Dónde estará? -Se preguntó consternada-
Pero... ¡vamos!... porque me puedo desanimar, y luego me vas a decir que soy una aguafiestas-

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Mientras eso sucedía en la capital... en Cajamarca... el estado de alerta era total.
Pacctallantay y su amigo, al darse cuenta que aún no podían llegar hasta el inca, decidieron ir a almorzar, para después buscar un hospedaje donde pasar la noche.
Ya instalados, en la cómoda habitación del hotel los jóvenes meditaban, como encontrar una solución al problema.
De pronto, el silencio se vio interrumpido, por la voz del príncipe heredero, quien con algo de furia dijo a su amigo...
-¡No...no... y no!... yo creo que las cosas nunca se podrán hacer de manera pacifica. Tenemos que llegar como sea donde mi padre y...
-Calma amigo...calma...-opinó interrumpiendo Ángel- no pierdas la calma, si no, estamos perdidos, las cosas se ganan pensando.
¡Mira!... aquí lo que vamos a hacer será esto... ¡escucha!... cuando fuimos a almorzar, escuché que la gente decía, que a cuatro cuadras de la avenida, donde nos dejó el ómnibus, escucha, de allí a cinco manzanas a la derecha... hay una calle angosta.
Si nosotros bajamos seis cuadras esa calle, y luego caminamos ocho cuadras más entonces llegaremos a la parte posterior, del estadio.
Ahora... si nosotros logramos llegar allá, y trepamos como sea los muros, ¡ganaremos!, pues alguno de los guerreros de tu padre nos verá, y nos ayudará a entrar-
-Listo amigo mío, ¡que buena idea! -Respondió convencido Pacctallantay- si no nos queda otra, pues tendremos que hacer lo que dices.
Mañana todo tiene que salirnos bien. Ahora hay que dormir amigo, porque tenemos que levantarnos temprano... ¡hasta mañana!-
Al día siguiente... siguiendo lo acordado, los dos amigos llegaron al camino descrito por Ángel. Ya habían bajado las seis cuadras que seguían a la calle angosta, y cuando se aprestaban a caminar rápidamente, las cuadras que aún les faltaban, de pronto... y para su sorpresa, se vieron cercados por dos grupos de policías.
-Corre amigo... corre -gritó Ángel, mientras él también trataba de fugar-
Pacctallantay emprendió una veloz carrera que llenó de asombro a sus captores, tanto que al primer grupo de policías, le fue imposible alcanzarlo.
De pronto, otro grupo de treinta efectivos, salió por la otra esquina, tapando la única salida, que le quedaba al príncipe heredero.
Al darse cuenta de la habilidad y destreza del joven, todos los policías llegaron para acorralarlo, y atraparlo. Después de un rudo forcejeo, donde más de un policía rodó por el suelo, fue reducido y esposado, y en forma vejatoria, lo condujeron a la comisaría.
Aprovechando que Pacctallantay había absorbido la atención de todos los policías, Ángel había escapado... y escondido miró, como se lo llevaban detenido.
Al salir de su escondite, su primera decisión fue denunciar el hecho. Sabía lo que podía pasarle a su amigo, y por eso, fue en busca de la prensa.
No tardó mucho, para encontrar un grupo mixto de periodistas de los tantos que estaban cubriendo, los inolvidables acontecimientos.
Después de contarles todo... totalmente todo, a los hombres de prensa, y mirar el asombro de estos, al saber la verdadera historia de Ollancarchy, Ángel partió rumbo a la comisaría, cercado por un gran número de flashes, cámaras de TV, y las incesantes preguntas, del asombrado periodismo.
Cuando los medios de comunicación, llegaron con Ángel a la comisaría, Pacctallantay aún no llegaba, debido a la férrea resistencia que le ponía a sus captores. Al darse cuenta de la llegada del príncipe heredero, que a empellones era conducido a la comisaría, Ángel seguido por la prensa, llegó hasta él, para con énfasis pedirle.
-Pacctallantay... ¡mira bien!... aquí está casi toda la prensa. Por favor cuéntales todo acerca de tu campamento, de tu padre y de tu raza
-con cierto ruego en la voz volvió a pedirle- por favor cuéntales todo, pues es la única manera de lograr justicia, y que todos sepan la verdad-
Al darse cuenta de la presencia de la prensa, los policías soltaron al joven, que pronto se vio rodeado de periodistas, y de los medios de comunicación, que simultáneamente y en directo, transmitían sus declaraciones en su esperada, e inigualable historia
Innumerables respuestas daban claridad, a muchas preguntas, y así, todo el Perú se estremecía en un conmovedor sentimiento... que arrancaba lágrimas de patriotismo. De un patriotismo, que sólo quería enarbolar su bandera de justicia, de igualdad social, y de libertad.
Y fue casi de inmediato, que las cadenas, de radio y televisión, difundieron aquellas declaraciones, que eran la respuesta, a las preguntas, que todos se habían hecho, los días anteriores.
Sucedió entonces... que interrumpiendo una muy importante reunión, con sus ministros, al enterarse de las declaraciones de Pacctallantay...el presidente de la republica se paró bruscamente, y ordenó al ministro del interior, no causarles daño, a los últimos hijos del imperio del sol.
Personalmente en compañía de todo su gabinete, el presidente viajaría hasta Cajamarca, pues quería ofrecer disculpas en nombre del pueblo peruano, al inca reinante.
El presidente, compartía, igual que todos, los latinoamericanos, el sentimiento ofendido, de un nacionalista Ollancarchy al cual había que ofrecerle disculpas; por la pobreza, del Perú, y también de la Latinoamérica, de ahora.

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Simultáneamente, allá en la capital... en inesperado momento, Estrellita llegó a casa después de sus compras.
Tratando de descansar, encendió el televisor, mas grande... enorme, fue su sorpresa, cuando allí, en la pantalla, vio casi sin creerlo, a Pacctallantay, su eterno amor. Sus ojos estaban asombrados, y tenía la voz atrapada en la garganta. Tenía las manos tapando su boca, y la expresión en su rostro, era el estremecedor reflejo, de lo que en ese momento sentía su alma.
Un aire de pureza, pareció llegar melancólico junto a la joven, y en sublime instante pareció junto a ella, gemir y llorar. Estuvo así un largo rato, luego poco a poco fue recobrando la calma. Ya restablecida en algo, de la primera impresión, seguida por la mirada de su nana, la bella tomó resuelta, la determinación de viajar a Cajamarca, pues quería estar junto a él, en este momento que más la necesitaba.
Le dijo a la nana, que le comunique a su padre de su decisión, que después ella le explicaría todo. Así, alistó apresurada algunas cosas, y salió de su casa... rumbo al aeropuerto. Ella quería estar a su lado, y así lo haría.
Al mismo tiempo, y sin saber la decisión de su amada... en Cajamarca...Pacctallantay seguía dando declaraciones a la prensa.
Rodeado siempre de los medios de comunicación, intencionalmente, avanzó de a pocos alejándose así de la comisaría.
Al darse cuenta de eso, los policías se abrieron paso entre los periodistas, forcejeando con él, para llevarlo otra vez a la comisaría.
Fue entonces, y ante la indignación de la prensa, por el maltrato, hacía el príncipe heredero, que éste emprendió veloz carrera hacía el estadio, en busca de su padre.
Sorteando, muy hábilmente, cuanto obstáculo se le presentaba, también a los policías que trataban de atraparlo, para que no se acercara al estadio, llegó a casi cincuenta metros del recinto deportivo.
Al llegar allí, se detuvo, al ver, el impresionante cordón de seguridad; qué rodeaba al estadio. Fue entonces, qué el centinela que vigilaba en la parte alta del estadio cerca de la puerta lo vio forcejeando brutalmente.
Inmediatamente bajó las gradas, y le avisó al inca. Ollancarchy, al saberlo, sintió un furor inmenso, y su casta bélica, pareció encenderse más y más, hasta querer estallar. Subiendo rápidamente las gradas, vio indignado, como su hijo, era en esos momentos, apresado violentamente por la policía.
Una furia inmensa, y una rabia profunda, invadieron su cuerpo, acabando con la poca calma que todavía conservaba.
Bajando inmediatamente las gradas, llegó hasta el centro del campo deportivo, para adoptar aquella impresionante posición de alerta, que fue entendida inmediatamente por sus guerreros.
Los cinco comandantes, llegaron al lado del señor de los andes, y el chasqui-espía junto a otro vasallo, trajeron la impresionante vestidura, que el inca luciría en aquel combate.
La capa roja, labrada con matices sobrios de oro y plata, con un impresionante dibujo en honor al sol... pareció refulgir en el inca, cuando la pusieron en su espalda. Pusieron luego la mascapaycha en su cabeza, y ese momento más qué nunca, los llautos, que eran los cuatro cordones, que representaban a los cuatro suyos, del gran Tahuantinsuyo, parecían señalar hidalgos, el camino a la victoria.
Ya con el sunturpauccar, o gran bastón de mando, labrado en fino oro, en su mano derecha, el cual era el más alto símbolo, de su poder, y dignidad real... el hijo del sol, volvió a montar su corcel, quedando listo para la guerra.
Entonces... ordenadamente, los cinco comandantes disciplinaron la formación del grupo, y enseñaron la estrategia a seguir.
Todos en conjunto, actuaron con suma rapidez y destreza. Unos cogieron las armas, y las banderas del Tahuantinsuyo, otros los caballos, y otros se alistaron para abrir violentamente las puertas, por eso, al cabo de poco tiempo, todos quedaron listos, esperando la orden de ataque.
El inca jaló violentamente las riendas del corcel, y este pareció entender la furia del soberano, porque lanzando un fuerte relincho, retrocedió, recobrando fuerzas, y se paró en las patas traseras, por un instante. Ollancarchy detuvo por un momento al animal, y su mirada buscó entre las nubes del cielo, al sol, pues quería sentir su presencia, en aquel inevitable momento.
Después, volteó, y giró unos instantes, para mirar señorialmente a sus guerreros, y no fue necesaria palabra alguna, para que ellos entiendan el mensaje profundo, de su señor.
La frase recalcitrante, todavía parecía retumbar en todas las distancias, con lejanías, y el sol parecía destellar con más fuerza, complacido y orgulloso, de sus hijos.
No miento al decir... que el espíritu de huayna-capac, seguido por la mirada intrínseca, de inca-roca, y Pachacutec,, avalaron la esplendidez de ese único, momento.
Se estremecieron los cielos Cajamarquinos, y una llovizna cayó sobre la ciudad. Eran siglos de espera, de gran injusticia, con una raza qué debió perdurar por siempre.
En ese momento, pareció verse en los ojos del inca, la opresión a la que fue sometido el imperio, bajo aquellas modalidades infrahumanas como... la esclavitud, la mita, y también la inmolación de sus hijos, por su causa, y su libertad.
Llegó hasta allí...el recuerdo de la ejecución de mártires, que luchando por un Perú, y una América, digna y libre, ofrendaron sus vidas, en el más sublime patriotismo.
Allí parecía verse... el reclamo de tantos saqueos, a la riqueza de estas tierras, a sus auquénidos, a sus punas, y a las lágrimas en el sufrimiento de sus hijos.
En esos momentos, la cordillera pareció acercarse a los combatientes, pues un fuerte aire serrano, acarició sus pintados rostros, flameando altivo, en sus cabelleras.
Todo esto pasó en pocos minutos, y cuando el portón del gran estadio, violentamente, fue abierto, nuevamente Ollancarchy gritó fuerte su recalcitrante desafío...

¡¡¡¡Guerreros al ataaaaaqquueeeeeeee!!!

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Fuertes gritos, insoslayables alaridos de guerra, salieron de las gargantas de los combatientes, y sus rostros pintados, sólo querían vengar al destruido imperio. Ollancarchy iba al frente, custodiado por los cinco comandantes... La señorial presencia del inca, se distinguía altiva, de los demás, tal vez por la impresionante vestidura que llevaba, o porque los rayos del sol, refulgían vivos en su cuerpo.
Fustigando con gran fuerza los caballos, llegaron velozmente a las calles, dando comienzo así al combate. Al mirar la furia de los guerreros, tanto policías como militares, tomaron sus puestos de apoyo, comenzaron a sonar las sirenas, y las tanquetas peinaron el lugar.
Los guerreros arremetían con furia, contra ellos, y sus huaracas y lanzas, comenzaron a hacer daño a los vehículos..
Al notar la gravedad de los hechos, los efectivos comenzaron a lanzar bombas lacrimógenas, y a disparar al aire. Pero esto incitó más la furia del inca, que dirigiéndose a uno de los comandantes... ordenó que se dispersaran para atacar por tres frentes. Dos por los costados, y otro de manera frontal.
Fue en esos precisos momentos... al otro lado de la ciudad, que el avión presidencial aterrizaba en el aeropuerto cajamarquino.
Junto a su ministro del interior, el presidente de la republica, llegaba para expresar personalmente, sus saludos al inca reinante.
Los ilustres visitantes fueron recibidos por el alcalde, el general de división, y el jefe de turismo.
Cuando le informaron los sucesos, el mandatario, emprendió con gran rapidez el camino al estadio sin imaginar que unos segundos antes, había estallado la fraternal batalla.
No había pasado aún mucho tiempo, desde que el avión presidencial, hubo aterrizado en el aeropuerto cuando otro avión comercial, llegaba a la ciudad.
Allí Estrellita... muy angustiada, llegaba a buscar a Pacctallantay... para estar con él.
Al recoger su equipaje, buscó inmediatamente un taxi, y pidió que la lleven a la comisaría... o cerca del lugar.
Al bajar del taxi volvió a llenarse de angustias, al escuchar los gritos de guerra, y el olor a bombas lacrimógenas, que invadía el ambiente.
Sin medir el peligro, desesperada, corrió en busca de su amado. Fue en ese desvarío, mientras corría para acercarse a la comisaría... que Ángel logró verla.
El fiel amigo la reconoció inmediatamente, y luego de sortear algunos peligros, llegó junto a ella. Al consolarla, la miró con mucho asombro, para luego preguntarle...
-¡Pero señorita!... ¿.como es posible que esté usted aquí? Esto es demasiado peligroso-
-¿Quién... quién es usted? -Preguntó desconcertada-
-Tal vez usted no me recuerda, pero yo trabajé para su padre en Cascaden. Bueno otro día le cuento los detalles... ahora debemos buscar un lugar seguro... venga vamos para allá, allí estaremos protegidos-
Ángel la tomó de la mano, y juntos se escondieron detrás de un muro, tratando de no ser heridos, por algún proyectil.
Inquieta la joven volvió a decirle...
-Disculpa... pero... tal vez, conozcas a Pacctallantay, yo...
- ¡Sí!... sí lo conozco...
-¡Lo quiero ver!...yo lo quiero ver -dijo suplicante la bella-
-Está bien... señorita, pero no sé donde está, ¡vea!... hagamos esto. Yo lo iré a buscar pero quiero que usted me espere aquí. Prométame que no va a salir para nada, y yo trataré de encontrarlo. Una vez que lo encuentre, lo traeré aquí, para que se encuentre con usted... ¿le parece bien?-
-¡Sí!... claro que sí -respondió con emoción-
-Bien, entonces voy a salir... pero usted no se mueva de aquí. Esto es muy peligroso, no quiero que corra riesgos-
Ángel salió agazapado del escondite, y luego de avanzar sigilosamente, llegó a una parte angosta, donde se percibía con más notoriedad, el combate.
Su mirada parecía absorber el lugar, tratando de encontrar en algún sitio, a Pacctallantay. De pronto... ¡lo vio!... trataba de atrapar un caballo, que corría desbocado al sentirse sin jinete.
Pacctallantay ya había subido al animal, y su intención era entrar a la batalla, cuando Ángel salió a su encuentro. Entre gritos le contó, que había visto a Estrellita, y que ella lo esperaba angustiada.
Pacctallantay se apeó inmediatamente, pidiéndole desesperado a Ángel que lo lleve donde estaba ella. Sorteando los peligros, comenzaron a buscar el escondite, pero tanta fue la confusión de Ángel, que se extravió, y no encontraron el lugar.
Muy angustiado, le recriminó su gravísimo error. Entonces, confundido, Ángel trato de encontrar el verdadero camino.
Fue mucho tiempo el que tardaron...casi tres horas. Estrellita al ver que no llegaban, había decidido salir a buscar a Pacctallantay, pensando que Ángel la había engañado.
Cuando los amigos llegaron, ya no la encontraron, entonces, la angustia silente en su alta expresión, atormentó al príncipe heredero.
Parecía incomprendida demencia, pero en su mirada, la impotencia sin final, castigaba su alma. Así, rodeado por el anti-sollozo, sacó del ultraísmo, las fuerzas necesarias, para tan aciago momento.
Ya el ambiente todo, estaba rodeado por una densa neblina, formada por los gases que emanaban las bombas lacrimógenas. Era una densa capa blanca, que dificultaba la visión, y daba un aire de tristeza al lugar.
Sin importarle el peligro, Pacctallantay salió en busca de su amor, y aquella densa neblina parecía su cómplice, tratando de ocultarlo, entre el fragor del combate.
Corrió por muchos lugares, seguido de Ángel, sin encontrarla. Después... y ya casi, al borde de la demencia... derribó a uno de los combatientes de su padre para apoderarse de su caballo.
Dominando diestramente al animal, y con las armas del guerrero, entró decidido al combate, dispuesto a encontrarla. Después de casi dos horas, en la brega... logró llegar cerca a la comisaría.
De pronto... casi sin creerlo, la alcanzó a ver.
Espoleó sin piedad el caballo, para recogerla, pero en ese preciso instante, un pesado proyectil golpeó a la joven en la sien. La bella cayó pesadamente al suelo, perdiendo rápido el conocimiento, mientras de su frente salía un hilillo de sangre.
Prácticamente se tiró del caballo, en plena carrera, y con movimientos felinos, llegó al lado de ella. Con devoción levantó su cabeza, para después limpiar su sangre. Allí, dolores inmensos, lo inundaron, y la neblina que matizaba el lugar, acompañada por los gritos de guerra... ahora herían, su espíritu.
¿Porqué tan dura prueba?...hubiera dado su vida por evitarle ese dolor.
Sabía... que si ella estaba allí, era por él. Entonces se recriminó con dureza...
¿Valía la pena esta guerra entre hermanos?
¡Si el ayer glorioso, no volvería jamás!
Entonces... alzó a la bella en sus brazos, y mirando al azul cielo, pareció suplicar hondamente.
Suplicó por ella, y por la paz...por una pronta paz, que uniera... al amor con el desamor.
Aún la tenía en sus brazos... cuando se dio cuenta, que tal vez su nombre, Pacctallantay (lazos en el pantano) le marcaba su destino. Un destino cuya misión, tal vez era enlazar, el pasado, el presente, y el futuro.
Pues, en aquel pantano, donde ahora estaba sumergida su raza y su linaje... allí él sería, aquel lazo, que trataría de unir por amor, al Tahuantinsuyo de ayer... al Perú de ahora.
Así... con Estrellita inconsciente en sus brazos, el príncipe heredero, comenzó a caminar hacía la comisaría, en busca de ayuda.
En eso... intempestivamente, lanzando fuertes gritos, un enorme despliegue de hombres, se abrió paso entre el desorden, para llegar a la comisaría.
Seguido por altas autoridades, civiles y militares, y resguardado por el ejército, el presidente de la republica, llegaba al campo de batalla.
Pacctallantay se paró por un instante, y pudo ver junto a Ángel, la llegada de tan ilustre visitante.
-¡Espera...espera! -Exclamó Ángel- ¡es el presidente de la republica!... por eso hay este despliegue tan impresionante-
Al detenerse, ellos vieron como el general de división llegaba hasta el mandatario, para explicarle lo sucedido.
-Pero, ¿qué cosa significa esto? -indignado aseveró el mandatario- ¿acaso no entendieron mis órdenes? ¡Dije qué quiero a estos hombres vivos!...ellos son merecedores de escuchar nuestra gran disculpa, además merecen el reconocimiento de la nación... y nuestro profundo homenaje-
-Señor...-respondió el militar- disculpe, pero la situación ha escapado de nuestras manos. Nosotros no queremos hacerles daño pero estos valientes, están dispuestos a dar su vida, por sus ideales. No sabemos como detenerlos, y si esto sigue así... podrían acabar con nosotros-
El presidente miró con furia, la impotencia del militar, y le ordenó una rápida estrategia para terminar con las escaramuzas.
Ángel que miraba todo de lejos, ya se había dado cuenta que esa era la oportunidad esperada. Por eso, después de explicarle a Pacctallantay lo que debían hacer, y aún con Estrellita en brazos, pugnaron por llegar hasta el mandatario, y ofrecerle una solución a la crisis.
-El presidente, al darse cuenta que traían una chica herida, ordenó a los hombres de su seguridad...que los dejen acercarse a él.
Los policías dejaron el camino libre, y Pacctallantay después de acostar a Estrellita en una banca, se esmero en hablar, con el jefe de estado.
En pose augusta, digna de su linaje, el príncipe heredero le dijo...
-Señor... ¡es un honor! Yo soy Pacctallantay... hijo del inca, que en estos momentos está en combate.
-Te escucho hijo ¡cuéntame!
Señor...nuestra historia es larga y antigua, pero dignísima... tan digna como el Perú de hoy, al cual usted representa. Digna como el Tahuantinsuyo de ayer, al cual representa mi padre.
Señor...nosotros hemos vivido muchos siglos de omisión y clandestinaje, y llevamos, con mucho orgullo en nuestra sangre, la nobleza y rebeldía, de los hijos del Tahuantinsuyo.
Quiero contarle lo siguiente... después de la muerte de nuestro padre Atahualpa, a manos de extraños, los cuales oprimieron, saquearon nuestras riquezas y destruyeron el imperio... por orden de él, hemos permanecido durante siglos, escondidos en un campamento, donde hemos sobrevivido hasta el día de hoy.
-Sin embargo... en nuestros corazones siempre latió la esperanza de recuperar nuestras tierras, junto a nuestra identidad, costumbres y raza.
-Es por eso señor -alzó la voz- ¡qué mi padre está combatiendo ahora! Este es para nosotros, nuestro esperado reto...
=El reto del Tahuantinsuyo= Frunciendo el ceño Pacctallantay miró con enojo al presidente.
Al escuchar la verdad, el mandatario trató de transmitirle mesura.
-Calma muchacho... cálmate y... ¡escucha!... yo aquí represento, más o menos lo que tu padre representa en el Tahuantinsuyo, el cual ahora, es el Perú y...
-¡Si!.. lo sé.... ya todo eso lo sé señor-
-Muy bien... pues si ya lo sabes, entonces te darás cuenta, que nosotros, los peruanos de ahora, no tenemos la culpa del pasado. Por eso estoy aquí. Porque como peruano, les doy la razón, y estoy dispuesto a saludar, y a pedir disculpas a tu padre, en nombre de los oprimidos. Disculpas, por tantos años de dolor, y lágrimas derramadas por ustedes, nuestros hermanos, a través de estos siglos.
-¡Yo los admiro!...-dijo estremeciéndose- y en nombre del Perú entero... quiero pedirte, suplicarte... que vayas donde tu padre, para que le expliques las cosas. Te ruego que trates de parar esta guerra entre hermanos, que sólo nos hará más daño, y nos dejará una herida imborrable-
Pacctallantay miró preocupado por un momento a Ángel, que estaba cuidando a Estrellita, y sintió sosiego en el alma.
Al darse cuenta, el buen amigo se paró, y después de decirle que él la cuidaría, le pidió que vaya donde su padre, y tratara de parar el combate.
Pacctallantay corrió velozmente, y de un salto felino, subió al caballo, que antes había usado, para perderse entre los combatientes en busca de su padre. Avanzó raudo un gran trecho, sin embargo... al adentrarse más,, el joven se dio cuenta, que la presencia de los guerreros, misteriosamente, había disminuido. Conocedor de las estrategias del inca, se dio cuenta como perpetrarían el ataque. Dos grupos lo harían por los costados, y el grupo de elite, lo haría por el frente, comandado siempre, por Ollancarchy. Conocedor de la gran desolación que causaría aquel devastador ataque... el joven fue embargado por la angustia. Sabía que el grupo de su padre atacaría frontalmente, justo por el lado de la comisaría... entonces se apresuró, en detener la acción.
Como impulsado por un resorte, espoleó con furia su caballo, emprendiendo una veloz carrera hacía la comisaría. Al llegar cerca del recinto policial...el príncipe heredero, deteniendo un poco al animal, gritó fuerte.
-¡¡Protejan al presidente... protejan al presidente!! Ángel...Ángel -volvió a gritar- por favor lleva a Estrellita adentro de la comisaría...hagan lo que les digo-
Había terminado de decir esto, y volvió rápido, a emprender la veloz carrera. Así, galopó casi cinco minutos... cuando a lo lejos, vio lo que presentía.
Era enorme el grupo armado, que liderado por Ollancarchy... llegaba dispuesto a dejarlo todo por el Tahuantinsuyo. El inca reinante, sobrio y gallardo, con el sunturpauccar en la mano, llegaba listo, para vengar el ayer.

Pacctallantay fustigó más su caballo, deteniéndose a unos metros de la comisaría Lo hizo parar en las patas traseras, repetidas veces, para llamar la atención de su padre.
Cuando vio a su hijo ileso, y libre a la vez... el inca sintió aplacar, un poco su furia.
-Padre... padre -dijo entre ternuras el joven
-Hijo mío... ¿dime te han hecho daño? Yo vi cuando te llevaban a la fuerza, y eso no lo olvidaré. Por todo eso, voy a acabar con todos ellos, y...
-Padre, padre, escúcheme por favor, escúcheme un momento, se lo suplico-
-Hijo no tenemos tiempo. Luego hablamos, tenemos que llegar antes de los dos grupos, que atacaran por los costados...cree... ¡acabaremos con ellos!-
En esos momentos, el joven se dio cuenta, que la llama justiciera, se encendía en los ojos de su padre, más y más. No lo iba a convencer de parar el ataque.
Fue por eso, que fingiendo estar herido, se dejó caer lentamente del caballo.
Al ver a su hijo en el suelo Ollancarchy se apeó rápidamente, y puso al joven en su regazo.
-Padre... sólo quiero que me escuches un momento. Dame esa oportunidad
¡Te lo ruego!... después de eso, aquí se hará lo que decidas-
El inca, todavía con su hijo en brazos, accedió a la petición de éste.
-Escucha padre -dijo mientras se paraba- ya no es necesario que ataques, pues estos hombres...
-¡¡¿comoooo?!! -Ollancarchy lo miró indignado-
¿Cómo dices?...eso nunca lo oyes... ¡nunca!. No voy a dejar estas, mis tierras, a esos miserables, que han pisoteado mi reino. Nunca... oyes... ¡eso nunca!-
Terminó de decir esto, y de un salto montó su corcel, dispuesto a levantar la mano, ordenando así el ataque.
Pacctallantay sintió que todo estaba perdido, que no iba poder detenerlo. Por eso...y aunque nunca lo hubiera hecho, en otras circunstancias...el príncipe heredero firmemente le dijo...
-¡Padre!... si no me escuchas -lo miró muy firme, y temeroso a la vez, al pensar en la consecuencia de su acto- ¡escúchame bien!... si no me escuchas, renuncio a tu trono.
-Yo Pacctallantay, renuncio al trono del imperio del sol. Prefiero desobedecer tus órdenes, y alejarme de mi raza, pues no quiero ver, que tú cometas un fratricidio-
Enfurecido... muy enfurecido, pero tratan