Segunda parte de la leyenda inca
"Pacctallantay"-el reto del Tahuantinsuyo
Agustín Cruz Morales
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Segunda parte:
Con un palmo de manos, Ucchuya hizo un gesto sonoro... y al momento diez hermosas ñustas, o vírgenes del sol, aparecieron en escena. En una bandeja de oro, llevaban para entregar a la coya, los máximos símbolos del poder y la realeza del imperio. La mascapaycha, y el bastón de mando; o sunturpauccar.
Ucchuya tomó la bandeja entre sus manos, y llegó cerca de su hijo.Ayar Sinchy, que rodeado de los concejeros, y del servidor... se alistó para ese momento tan especial.
La bandeja de oro, fue puesta en lo alto por la coya, quien con los brazos arriba, dirigió una imponente mirada al sol, que en esos precisos momentos, lucia radiante, entre el azul cielo andino. Murmuró unas palabras dirigidas al apu, y bajó los brazos. Luego dirigió la mirada firme hacia Ayar Sinchy, quien ya se encontraba listo, para asumir el poder.
Fue entonces, que tomando la mascapaycha, se paró frente a su hijo... y antes de coronarlo, le dijo lo siguiente...
-Ayar Sinchy... hijo de Atahualpa... desde ahora, tú serás... el nuevo inca, y gobernarás el imperio por voluntad de tu padre.
-La dignidad que te otorga el ser hijo del sol, será respetada y venerada, por todos a los aquí que vas a gobernar. También cabe resaltar que tu mandato será vitalicio... pues gobernaras hasta el día de tu muerte-
Al terminar de decir esto, la coya alargó las manos hacia la bandeja de oro, para coger la mascapaycha Entonces alzándola, y mirando nuevamente al sol, hizo ante este, un gesto reverencial.
Luego de pedirle el pase correspondiente a su apu... colocó con honda devoción, la mascapaycha en la cabeza de Ayar Sinchy
Una vez, ya coronado como el nuevo inca... Ayar Sinchy se puso de pie, para escuchar las palabras de su madre.
-Ayar Sincchy... a partir de este momento... ¡eres el nuevo inca del imperio del sol!...gobierna y se justo, Pues aunque el imperio, hoy pase, por momentos difíciles... creemos que tú, sabrás sacarlo adelante, restituyéndole la grandeza de la que siempre gozó. Aseveró, mientras le hacia entrega del bastón real, que al llegar a las manos del nuevo inca... se convertía en el cetro de mando, o sunturpauccar.
Cinco hermosas vírgenes del sol, se acercaron en ese momento. Traían en bandeja de oro y plata, el manto real, el cual fue recibido por los 6 ancianos, los mismos que llegaron hasta el flamante inca.
Luego con mucha reverencia y respeto... colocaron el manto real, en los hombros de su señor
Una vez que Ayar Sinchy, había tomado poder y mando, como el nuevo soberano del imperio... se dirigió a su pueblo, que se encontraba maravillado, al contemplar tan magno evento. Y lo hizo, no sin antes hacer una prolongada reverencia al sol... el flamante inca dijo:
-Yo Ayar Sinchy hijo del sol... asumo el poder, por voluntad de Atahualpa, en los momentos más difíciles de su historia.
-Desde hoy soy el nuevo gobernante, más como todos sabemos mi reinado lo haré desde la clandestinidad. Pero... quiero decirles que contamos con un plan de sobre vivencia y recuperación del tahuantinsuyo... y como cuento con la ayuda de los apus (dioses incas) junto a ellos veré con más esplendor, las soluciones, y el bienestar de mi pueblo. Conmigo comienza una época diferente, y la más difícil que le ha tocado vivir al imperio.
Esta será una época de dificultades, y difíciles pruebas, mas yo creo que junto a ustedes, mis valientes guerreros del tahuantinsuyo... saldremos adelante-
Fue entonces, que tomando el cetro de mando, o sunturpauccar, en su robusta mano derecha, lo alzó. Luego levantando la voz; casi gritando, con gallardía dijo...
-Yo Ayar Sinchy... inca del tahuantinsuyo... juro por los apus, y por mis antepasados, gobernar con la mayor equidad y justicia. Lucharé hasta el final por el bienestar de mi pueblo, y el progreso del imperio.
Entonces dirigiéndose a los ahí presentes exclamó:
-¡Vivan los apus y el dios sol!, ¡viva!...-respondieron todos-
-¡viva el imperio de los incas!... ¡viva!...-exclamaron-¡Viva el tahuantinsuyo!... ¡ viva1...- gritaron todos .
Sonoros aplausos se escucharon por doquier, salidos de la algarabía popular.
Estos duraron cerca de media hora. Ayar -sinchy avanzó entonces, hacia su trono especial, para luego sentarse en el, con pose augusta .Todos querían saludar al soberano... ¡felicitarlo!...
Los primeros en llegar hasta él, fueron su madre los seis ancianos, y el servidor.
El flamante inca, con humildad y simpatía, recibió las congratulaciones. En el fondo sabía la desigual lucha que tenía que emprender.
Unos momentos más tarde, ucchuya hizo otro llamado. Cinco bellas doncellas, o vírgenes del sol, llegaron hasta el altillo. Llevaban esta vez, un trago exótico muy especial, propio para el brindis, que exigía la ocasión.
Ucchuya tomó el recipiente, y comenzó a servir a todos los que estaban en el altillo. Cuando el flamante inca tomó su vaso, para brindar por su llegada al poder...se dirigió a Ucchuya y le dijo:
-Has que repartan de la misma bebida a todos los que están presentes, pues también quiero brindar con mi pueblo, pero antes que las ñustas bailen nuestras danzas.
A la orden de Ucchuya quince hermosas vírgenes del sol, ejecutaron una fogosísima, sensual y muy sincronizada danza, causando así, la admiración, y pasión, de los presentes.
Aquel exótico y sensual baile, llenó de belleza, de colorida identidad, y de profunda sensación, a los apasionados rincones del salón.
Luego de aquel hermoso espectáculo, se repartió la bebida. Una vez que todos tenían sus vasos en las manos, Ayar Sinchy se levantó de su trono, alzando la voz y su vaso, les dijo...
-He querido brindar con ustedes que son mi pueblo, por mí, y por la sobre vivencia del Tahuantinsuyo. Brindemos con esta bebida, que antes era sólo para los nobles. Con esto quiero que entiendan, que mi gobierno será de lucha, de una ardua lucha... pero también de igualdad.
-¡No haremos más festejos!... pues de aquí en adelante trabajaremos duro por el imperio. Todos haremos este único brindis, y luego nos retiraremos hacia nuestras casas... pues a partir de mañana, comenzaremos la ardua tarea.
-entonces... ¡salud!... ¡salud pueblo mío, por el imperio y su resurgimiento!
-¡salud!...-salud dijeron todos-
Todos tomaron con gran algarabía de la bebida. Al terminar el brindis, después de dos horas, Ayar Sinchy agradeció la asistencia de todos, y ordenó que se retiraran a descansar a sus hogares.
Cuando todos se retiraron, quedó con los seis ancianos, su madre, y el fiel servidor.
-A ustedes -les dijo- les quiero agradecer, todo lo que han hecho, especialmente a ti querida madre. Juntos tenemos la gran, y difícil tarea, de reconstruir el Tahuantinsuyo-
-Nosotros estaremos siempre contigo señor -habló el servidor- su madre y yo, estaremos junto a usted, para servirlo en lo que sea necesario.-
-yo sé que así será -respondió el inca- mañana mismo ordenaré nuevas medidas, pues les aseguro que cuando yo muera, mi sucesor encontrará un camino ya trazado y definido. Un camino sólido donde pueda emprender con más equidad, la lucha, por reimplantar el surgimiento del imperio -aseveró- Luego de una pausa volvió a decir...
-vayamos a descansar entonces, pues a partir de mañana, y en forma indefinida, la gran brega, habrá comenzado -terminó acotando, mientras se alistaba a retirarse-.
Así... Ayar Sinchy tuvo un largo reinado, y a pesar de ser un gobierno de transición, logró sacar adelante a su pueblo, pues hasta la hora de su muerte, dejó a su sucesor, un camino claro a seguir., y por su puesto, la gran responsabilidad, de cumplir, con la ley del gran Pachacutec.
Construyó más aldeas, para cubrir, el aumento de la población, enseñando al pueblo, labores de súper vivencia.
En fin, guió a su pueblo hacía una gran estabilidad emocional, con la esperanzada consigna, de que algún día, recuperarían lo que les pertenecía.
Ayar Sinchy murió a los 53 años en la más completa calma, y admiración de su pueblo.
Con sus doce coyas, tuvo veinte hijos de los cuales a Yahuar Cachy, lo reconoció, como su legítimo sucesor.
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Después de la muerte de Ayar-Sinchy...Yaguar-Cachy tomó posesión del trono. A él, su padre le dejó como lo más primordial la ley de Pachacutec, que tenía que cumplirla, y hacerla cumplir a su sucesor.
Después de Yahuar Cachy el clandestino imperio ha tenido otros gobernantes más. Quiere decir... que contando desde el primer inca clandestino, que fue Ayar Sinchy... el imperio inca, ya en zozobra, hasta nuestros días; ha sido gobernado por los siguientes líderes:
1- ) Ayar Sinchy que nace en 1517. Su madre Ucchuya, después de esperar en el clandestinaje, durante dos años, noticias del inca Atahualpa, al enterarse de su muerte, lo corona como el primer inca del imperio en zozobra, en el año 1535 cuando éste tenía 18 años. Muere en 1570 a los 53 años (su padre Atahualpa nace en el año 1500 y muere en 1533).
2- ) Yahuar Cachy nace en 1540. Fue inca a los 30 años en 1570 - vivió 80 años... muere en 1620.
3- ) Capac- Ucchu... nace en 1590. Inca en 1620 a los 30 años... vivió 60 años murió en 1650.
4- ) Mayta- Roccap... nace en 1620. Fue inca en 1650 a los 30 años... vivió 80 muere en 1,700.
5- ) Yupanqui- Capchay... nace en 1,680. Fue inca en 1,700 a los 20 años... vivió 70 años, muere en 1,750.
6- ) Tupacc- Ayar... nace en 1,715. Fue inca en 1,750 a los 35 años, vivió 86 años... muere en 1,801.
7- ) Guapas- Rashmy... nace en 1,740. Fue inca en 1,801 a los 61 años. Vivió 95 años muere en 1,835.
8-) Huatanay... nace en 1,800.Fue inca en 1,835 a los 35 años. Vivió 97 años, muere en 1,897.
9- ) Pickychou... nace en 1,860.Fue inca en 1,897 a los 37 años. Vivió 85 años muere en 1,945.
10- ) Chillyhuaspash... nace en 1,910. Fue inca en 1,945 a los 35 años. Vivió 90 años muere en el 2,000.
11- )Ollancarchy... éste es el actual inca, del imperio en zozobra.
Llegó al poder en el año 2,000, a los 35 años, después de la muerte de su padre Chillihuaspash. Ollancarchy nace en 1,965.
Es importante resaltar que en su mayoría, los gobernantes del imperio clandestino, no eran los hijos primogénitos del inca, que en esos momentos estaba reinando.
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Ollancarchy... es el inca reinante. Está unido a diez coyas, y goza de varias concubinas. De estas relaciones tiene 35 hijos, de los cuales ya ha designado como su sucesor, a Pacctallantay. Éste será su legítimo heredero, y en la actualidad tiene 18 años de edad.
Sin embargo... desde el primer momento de su arribo al poder, como ninguno de sus antecesores... Ollancarchy ya llevaba en su espíritu, el firme deseo de reconquistar, el Tahuantinsuyo... ¡recuperar el imperio de los incas! Desde niño, llevaba dentro de él, las divinas ansias de justicia, y libertad, como si este sentimiento insigne, hubiera nacido con él.
Imposible le parecía, que todos sus antepasados, y antecesores, hayan dejado pasar tanto tiempo, sin recuperar el imperio. Ollancarchy quería acabar de una vez, con todos esos siglos de silencio, de clandestinaje y de omisión.
Parecía que todos esos siglos de olvido, y desesperanza estuvieran acumulados en su espíritu indómito, y cual explosión a punto de estallar, le reclamaban, para su pueblo; justicia y libertad... sólo... ¡Libertad!..
Él sabía por medio de sus antepasados, de la grandeza de su raza. De ese enorme apogeo, que en antaño alcanzó el imperio. Sabía también de su gran riqueza, y que ese gran territorio, que ahora estaba invadido, ¡Pertenecía al Tahuantinsuyo!
Ya habían transcurrido cuatro años, desde que había llegado al poder, y Ollancarchy había aferrado más... y más en su espíritu, la inquietante idea, de recuperar el imperio de los incas, tenía sed de libertad, y justicia.
SEGUNDO EPISODIO...
¡Qllancarchy... justicia y Libertad!
Y fue aquella mañana, del 25 de enero del 2,004, que en el gran campamento Pachacutec, se vivía un movimiento azaroso, e inusual.
Los hombres se movían inquietos, de aquí para allá, y ya habían limpiado de maleza, una enorme extensión de terreno, en la parte llana, y lateral, del campamento. Este terreno sería usado como campo de entrenamiento bélico... claro que ¡sí!... allí todos los hombres, se venían preparando... ¡para la guerra!
Para Ollancarchy, ellos serían los héroes que librarían la más insigne de las batallas... y también la guerra final... a la cual había llamado... por siempre, y para siempre... El reto del Tahuantinsuyo
Este gran combate final, según el inca, sellaría el triunfo de sus guerreros. Porque después de un gran asalto final, a la capital del imperio... luego de derrotar a los invasores, el tahuantinsuyo sería recuperado por la gran raza inca... para siempre.
Aquel día señalado cerca de las diez de la mañana, Ollancarchy llegó imponentemente vestido, con la mascapaycha en su cabeza, y el sunturpauccar en la mano, al campo de entrenamiento. Al verlo llegar, todos al unísono callaron, haciendo un alto a los entrenamientos, para dar paso a las reverencias, en señal de sumisión al hijo del sol. Uno de ellos... aquel que dirigía los entrenamientos militares, del ya formado ejercito, se acercó a Ollancarchy, luego de presentarle sus profundos respetos, le dijo.
-¡Gran señor nos honras con tu presencia! nosotros aquí sólo cumplimos tus ordenes seguimos con rigor y disciplina los entrenamientos, para luchar por lo que nos pertenece... nuestras vidas, y nuestros destinos, los ponemos en tus manos-
-Muy bien...carajo...muy bien, eso me complace
-dijo muy serio en quechua- veo que cada día lo hacen mejor, y que ahora dominan con mucha exactitud, nuestras armas de Guerra. Es cierto que durante mucho tiempo no las hemos usado, pero ahora, esto cambiará. -exclamó con furor mientras con la mirada recorría, el campo de entrenamiento -
Luego cogió con mas fuerza, el cetro de mando, o sunturpauccar, mientras marcial caminaba, seguido por su corte real, hacía un rincón del fondo, que estaba vacío, llamó al segundo jefe de su ejercito; para seguir acordando las estrategias a seguir... para recuperar el Tahuantinsuyo.
-Anoche mientras descansaba -le dijo- he tenido la siguiente idea... Es preciso para nosotros, escoger de nuestro ejército, al hombre mejor preparado, al más rápido, al más sagaz, al más inteligente al más perspicaz. Este hombre tendrá la sagrada misión de traernos información de afuera.
-Es sabido por todos nosotros, que después de la muerte de Atahualpa, no hemos sabido nada sobre el mundo exterior. No sabemos nada de lo que esta pasando allá afuera...si acaso hay igualdad, libertad o esclavitud.
-¡Ya basta de silencio y omisión! -aseveró exaltado, para luego añadir- claro que este silencio fue parte de la ley del gran Pachacutec,
Pero la hora de nuestra grandeza, va llegando ¡no voy a esperar más!
Ollancarchy hizo una pausa, mientras los ojos del segundo comandante, lo miraban entre asustados y maravillados.
-Escuche bien... éste hombre va a ser escogido por usted, y sólo saldrá del campamento, cuando ya este bien preparado para su misión. Éste hombre debe ser preparado como un chasqui-espía, y cuando yo lo ordene, saldrá del campamento, por el túnel secreto.
-Él debe saber, que esta misión es un gran secreto, y que nadie de afuera debe verlo.
-Al salir deberá traernos información, sobre la vida de afuera-
Fue en ese instante que Ollancarchy, dirigió la mirada al centro del campo. El inca mientras estaba hablando, había fijado su atención, en un joven de atlética presencia, que efectuaba allí, movimientos rápidos, dando señales de gran rapidez, fuerza y destreza.
-¿Quién es aquel joven? - preguntó-
-Es Camhuiccho señor... es uno de los mejores guerreros de vuestro ejercito-.
-MMmhhh... me parece que ése, es el hombre que estamos buscando. Encárgate personalmente de terminar de adiestrarlo. Que sea rápido, pues quiero pronto, mucha información de afuera-
-Estará listo en tres días señor... luego lo enviaré a su presencia, para que usted le de las ordenes que crea convenientes-
-Muy bien... ahora me retiro...pues tengo otras cosas urgentes que atender. Dentro de tres días, estaré esperando la llegada del chasqui espía -terminó ordenando-
Luego tomando otra vez el sunturpauccar en la mano, en compañía de su corte de honor... se retiró a sus aposentos.
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Ya habían transcurrido los tres días ordenados, cuando el chasqui- espía, llegó donde el inca.
Después de hacerle una gran reverencia le dijo con suma devoción.
-Gran hijo del sol, estoy listo para cumplir tus sagrados deseos... tus ordenes...
-siéntate en aquel lugar -le ordenó- y escucha con atención...
-Te hemos preparado para que cumplas una misión secreta, de chasqui- espía.
¿Qué quiere decir esto? Pues que tendrás que usar la rapidez y sagacidad de los chasquis del imperio. Pero también lo harás en forma secreta, sin ser visto por nadie ¡cómo un espía!
-Así de esa manera, averiguarás todo lo que sucede allá afuera y luego, me lo informarás en detalles... ¿entiendes?-
- Entiendo señor -respondió el otro-
-Muy bien... entonces saldrás ahora mismo fuera del campamento, para cumplir tu misión. Tendrás el privilegio, de ser el primer hombre que lo haga, después de muchos siglos de clandestinaje. Quizá la historia te tenía reservado este momento, y por esto serás recordado siempre. -le dijo, mientras lo miraba fijamente-
-Saldrás por el túnel secreto, pues ya he ordenado a los vigilantes que te dejen salir.
Cuando llegues a la salida... ¡escucha bien!...la encontraras tapada, pero hay un tronco movedizo, al cual lo jalaras con fuerza hacia abajo, para que abra la entrada, y así podrás salir. Nunca olvides cerrar bien nuevamente, a la hora de entrar o salir.
-Ahora... ¡escucha bien! la boca del túnel secreto, llega justamente, a la parte baja de un abismo, por donde pasa un ruidoso río. Esto es todo lo que sé, del mundo exterior, y lo sé por datos secretos, a los que sólo yo tengo acceso. Recuerda que nadie allá afuera debe verte, ni saber de la existencia del campamento... ¿ha entendido bien? -preguntó con autoridad-
-Muy bien... he entendido perfectamente señor-
-Anda pues, y regresa lo más rápido posible, con la mayor información que puedas obtener. Entonces... ¡veetteeee!
El chasqui espía, tomó rápidamente un morral que había preparado para su viaje, lo puso en sus hombros, y se apresuró a partir.
¡Así lo hizo!... no sin antes hacer una reverencia, al gobernante del imperio en zozobra.
Al llegar, donde empezaba la salida del túnel secreto, los vigilantes que cuidaba celosamente el lugar, al identificarlo, lo dejaron pasar. Ya dentro del túnel comenzó a acortar con paso ligero, los tres kms, que eran el largo del mismo.
Al llegar donde estaba la salida, movió el enorme tronco hacia abajo... y fue entonces que anonadado... ¡pudo ver la salida!
Camhuiccho no sabía que hacer. No sabía donde, ni como empezar su trabajo. No sabía si bajar, o subir, si correr, o sólo caminar, sobre el cerro que estaba delante de él.
Luego de un rato, logró calmarse... allí fue cuando vio, en lo alto, un camino de herradura, que se avizoraba a lo lejos.
-Ese camino debe llegar a algún lado -se dijo- voy a seguirlo de lejos, para que nadie pueda verme.-
Después de escalar con dificultad, la superficie rocosa del abismo llegó a la cima. Caminó y caminó con sigilo, unos 500 metros, por aquel sendero, de pronto... sintió un extraño ruido. Inmediatamente, se escondió para no ser visto.
Así agazapado, muy oculto entre los arbustos, pudo ver que un grupo de personas, bajaban por aquel camino. Los quedó mirando con mucha extrañeza y admiración, pero lo que más llamó su atención, fue la forma extraña para él, como vestían esas personas. Pero lo que más le causó admiración... fueron los animales que llevaba el grupo. Eran tres burros, y dos caballos, en los cuales llevaban su carga. Nunca... ningún habitante del campamento, habían visto animales como esos lo cual le parecía... extraordinario.
Al perderse de vista los andantes, y ya un poco restablecido de la impresión, salió de su escondite.
-¿Qué serán aquellos animales extraños? -se preguntaba- ¿de dónde los habrán sacado? ¿Serán peligrosos?
Así, estuvo meditando un buen rato. Luego se dio cuenta, que tenía que continuar su viaje, y empezó a subir, y subir, nuevamente el empinado cerro.
Así, muy asombrado seguía avanzando, siguiendo siempre de lejos, el camino de herradura. Ya habría subido unos 7,000 metros, cuando llegó al pie de un charán (árbol autóctono del lugar) y el espía se sentó a sosegar un poco.
Aún seguía pensando en las personas, que antes había visto pasar. Luego de un rato decidió avanzar. Había avanzado con mucha cautela, cuando llegó, a lo que parecía la cima de aquel lugar. Camhuiccho se esmeró en mirar al detalle el lugar.
Subió más y más... cuando de pronto, vio algo que capto su atención. A lo lejos habían un conjunto de viviendas, que le recordaban en algo, el lugar donde había nacido. No lo sabía... pero lo que había visto... era la hacienda Cascaden. El caminante quedó prendado, al observar lejos, el corte diferente, como estaban construidas las viviendas.
-Esos deben ser los tambos de los invasores, de los cuales quiere información mi señor -se dijo-
Entonces decidió esperar... sólo esperar, para ver que descubría. Se encontraba escondido con la mirada fija, cuando de pronto, sintió un ruido igual al anterior. Era otro grupo que bajaba por el camino de herradura. Por eso, dando un gran salto, se escondió nuevamente.
Se encontraba camuflado en ese lugar, cuando los que venían bajando, decidieron descansar justo a unos metros, de donde él estaba. Al darse cuenta de la intención del grupo... se quedó atento y tan quieto, como mimetizado con el paisaje andino.
-Descansemos un poco -dijo el que parecía ser el jefe del grupo- y denle de beber agua a los caballos y a los burros, esta acequia tiene bastante y muy fresca... beban ustedes también-
-Muy bien patrón -balbucearon los demás
-Uuufffhhh que calor hace hoy -dijo otro mientras se secaba el rostro empapado de sudor-
El chasqui-espía seguía quieto en su escondite, bastante atento, escuchando la conversación del grupo.
-El patrón, don Burga, nos ha ordenado, que hoy mismo lleguemos a Catache;, para entregar esta mercancía -dijo el que parecía el jefe del grupo- así es que después de este descanso... ya no habrá otro-
-¿Porqué hay tanto apuro señor? -preguntó otro-
-Es que esta mercancía viene desde Marampampa, y de Marampampilla, y ya tiene muchos días de almacenamiento, por lo tanto nos urge, que llegué rápido a Catache, pues allí es su destino-
-Muy bien -dijo otro del grupo, mientras acariciaba la espesa barba, que le cubría el rostro-
-Después de entregar la mercadería en Catáche, regresaremos mañana, pues ahora es demasiado tarde, por la distancia que hay. Eso si... mañana tenemos que regresar a Cascaden, pues es la orden del patrón don Burga -les dijo, mientras todos se alistaban a partir de nuevo-
-Arreen los burros y los caballos, qué ya tomaron suficiente agua, y vaaaamoonnooooss -exclamó el jefe del grupo-
Orden que todos obedecieron, y en larga fila, la minga, empezó su viaje de nuevo.
Cascaden, Marampampa, Marampampilla, Catache
Don Burga... esas eran las palabras extrañas, que desde su escondite, el chasqui-espía, escuchó, y que retenía en su lúcida memoria.
-Ya tengo información para llevarle a mi señor -se dijo- será mejor que regrese al campamento, pues alguien puede verme.
-Para mi otra salida, como ya conozco algo, de este mundo exterior, podré hacer mejor mi trabajo.-
Fue entonces, que decidió regresar al campamento. Así lo hizo... al llegar a la boca del túnel secreto, miró hacia todos los lados. Luego de percatarse de no ser visto por nadie, movió el enorme tronco hacia abajo... volviendo a entrar al túnel. Ya dentro... volvió a tapar la entrada secreta, y con paso raudo, avanzó hacía el campamento.
El inca se encontraba en esos momentos en su trono, acompañado de Pacctallantay. Chacchaba, y meditaba, con una gran bola de coca, en su boca.
Fue en ese instante, que presuroso, y algo agitado, el chasqui-espía llegó, ante el soberano.
-Señor... gran hijo del sol -dijo mientras se inclinaba -
-¡Párate!..-.Ordenó muy inquieto- ¿no te das cuenta que me urge tu información? Por lo tanto, ya déjate de formalidades, y ¡habla de una vez!
-disculpe usted mi señor... es que...he traído muchas noticias inesperadas para contarle... he visto cosas que no conocemos y...
- ¡Habla rápido carajo!... -aseveró en quechua-
-Señor -volvió a decir- cuando salí del campamento, comencé mi viaje por la parte trasera del túnel. Luego subí por una empinada cuesta, que llega a un camino, que va a una especie de campamento.
Por ese camino... mi señor, transita mucha gente. Pero lo más sorprendente -dijo mientras agitaba la mirada- es que ellos van acompañados, por unos animales muy grandes, que tienen cuatro patas, una larga cola, y son muy dóciles. A estos animales los utilizan, a unos para llevar la carga, y a otros, para que la gente viaje subidos en ellos-
Ollancarchy se levantó rápido de su trono, y muy intrigado preguntó...
-¿Donde habrán encontrado esos animales?...
-No lo sé señor... pero son sorprendentes, y les son de mucha utilidad...-
-Sigue... sigue... ¿qué más?...
-Además señor... ellos llevan puesta, una vestimenta diferente a la nuestra pues usan ropa que cubre casi todo su cuerpo, y en la cabeza no llevan la cinta con plumas, como nosotros, sino otras cosas que llaman sombreros-
-Muy bien continúa-
-Al seguir caminando... siguiendo el camino que le dije, llegué a la mitad de la cima, allí vi un gran campamento. Yo...señor... me quedé impresionado por la hermosa forma, de su construcción.
Después... escuché que unos hombres bajaban por el camino, luego me escondí entre unos arbustos... y desde allí pude escuchar, lo que conversaron.
-Ellos decían que ese gran campamento, en verdad es una hacienda, a la que llaman Cascáden. Pero que más arriba, hay dos campamentos o haciendas más. A uno lo llaman Marampampa, y al otro Marampampilla. Pero también en la parte baja, y debe ser, por donde pasa el río, que riega nuestro campamento,
De allí a una gran distancia, a la derecha, hay otro gran campamento al que llaman, Catache...
-¿Catache? -Preguntó el heredero Pacctallantay, que se encontraba cerca de su padre escuchando la azarosa conversación-
-Si Catache pero también escuché... que la hacienda Cascaden, es de propiedad de un tal... don burga. Que esta hacienda es muy rica en animales, agricultura... y también tiene oro y plata.
-Yo imagino señor, que en esta hacienda; debe habitar mucha gente.-terminó diciendo el orador.-
Ollancarchy entonces, se puso de pie. Frotándose las manos, comenzó a caminar pensativo por el gran salón... ¡estaba entusiasmado y confundido!
El chasqui-espía y Pacctallantay, siguieron con la mirada la caminata del inca, esperando que se produzca en cualquier momento, la ruda replica de éste. Luego de quince minutos de gran caminata y meditación, Ollancarchy volvió a sentase, en su trono y muy seguro aseveró... en quechua.
-¡Sí!... he llegado a la conclusión que debes realizar un segundo viaje, pues me interesa saber más de esas haciendas, y su gente -caminó un poco hacia el fondo y volvió a decir-
-Arreglaré todo para salgas nuevamente, y me traigas la información que me hace falta.
Quiero saber, ¿cuántos habitantes tiene cada hacienda? ¿Cómo es su entrada, y su salida? Pues... quizás... libremos algunas batallas con ellos, para vencerlos, y someterlos al imperio. ¡Es hora de ir recuperando el tahuantinsuyo!...
Tú, ya puedes retirarte, que yo te avisaré de tu otra salida. Mientras tanto... tendré que realizar una reunión urgente, con el honorable concejo de los orejones, y con los altos mandos de mi ejército. -dijo iracundo, mientras su hijo Pacctallantay, lo miraba con admiración y respeto-
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Aquella mañana de febrero... el honorable concejo de los orejones, estaba pletórico y distinguido, pues el inca llegaría en cualquier momento, engalanando así, la magna reunión, que allí se realizaría.
Aquella pudo ser una ovación de respeto, o de júbilo... pero lo cierto es que todos se movieron zigzagueantes al llegar, el soberano. Ollancarchy hizo su presencia, imponentemente vestido, en el salón real, ataviado de una hermosa investidura.
En su cabeza lucía, la suntuosa mascapaycha. En ella se hacían notorios los llautos, que estaban formados por 4 cordones, los cuales representaban a los cuatro suyos; que era la gran extensión del Tahuantinsuyo, y en la parte frontal, lucía hermosas plumas de cóndor andino... como alto símbolo de su dignidad real.
Sobre el pecho llevaba puesto un pectoral de oro, donde sobresalía un impresionante dibujo, en honor al sol.
En la mano derecha, llevaba el cetro de oro, o sunturpauccar, el cual le daba la alta atribución y distinción, como máximo jefe del ejército inca, y dignísimo hijo, del dios sol.
Entonces fue, que muy sobrio avanzó por el pasillo que llevaba hasta la parte principal del gran salón, acompañado siempre de su corte imperial, y además por la derecha, muy junto a él, el príncipe Pacctallantay caminaba marcialmente.
Una vez que llegó al sobrio sillón, preparado especialmente para él tomó asiento. Luego mirando fijamente a los ancianos, que conformaban el honorable concejo de los orejones, y a los cinco jefes de su ejército real les habló en quechua.
-¡Señores! augustos concejeros, y también ustedes jefes de mi gran ejercito. He querido reunirme con ustedes para juntos deliberar, las informaciones que me ha traído de afuera, el chasqui-espía.
-Escuchen bien, lo que voy a decirles... -puntualizó- estoy seguro que la hora de recuperar, al fin, el gran Tahuantinsuyo... ¡Ha llegado!
-Es por eso... que también he querido la presencia de ustedes -miró a los cinco jefes de su ejercito- pues quiero, que juntos preparemos las estrategias, que nos den la victoria, en las batallas que tenemos que librar, para recuperar el imperio.
-Escuchen con atención... mi informante me ha contado, de cuatro grandes campamentos, a los que ellos llaman haciendas. Estas haciendas están habitadas por gente, que han invadido nuestro Territorio. Y los llamo extraños, no sólo por su forma de vestir, sino también por sus armas, y por los animales que llevan con ellos. Estoy casi seguro, que son los descendientes de los mismos invasores que llegaron desde tiempos remotos... desde los tiempos de Atahualpa, para conquistar y destruir el imperio del sol.
-Estas haciendas, son llamadas... por sus habitantes
Catache Marampámpa, Marampampilla, y la más cercana a nosotros la llaman Cascaden.
Estoy seguro que estas haciendas, pertenecen al imperio -aseveró irritado- es por eso... ¡qué debemos recuperarlas!
-Ahora escuchen... la más cercana es Cascaden, que es la de mayor riqueza, y la mejor ubicada para nuestros propósitos. Esta tiene una gran variedad de riqueza natural, y parece que cuenta con la mayor cantidad de habitantes... ¡este será nuestro primer objetivo!
Uno de los jefes militares intrigado añadió...
-Señor, usted tiene razón... debemos actuar con mucha prudencia, pero... con amplia información-
-Claro -respondió Ollancarchy- por eso estamos aquí... para deliberar con mucha cautela nuestro plan de conquista.
Uno de los ancianos con cierta reverencia dijo...
-Gran señor de los andes... siga usted hablando espléndida des, que nos complace escucharlo-
-Bien... como les dije... nuestro primer objetivo, será Cascaden. Pero también tenemos que conquistar los demás campamentos.
-Escuchen bien, primero conquistaremos Cascaden, luego iremos a Marampampa, y por último a Marampampilla. Una vez que estas haciendas sean sometidas al imperio, nuevamente repotenciaremos y refortaleceremos nuestro ejercito, para luego conquistar Catache.
-Estos serán nuestros primeros objetivos, porque la gran batalla... la batalla final... será la conquista del Cuzco, que volverá a ser, porque así lo quiero, y así debe ser, la capital del imperio.
-Señor -dijo uno de los más ancianos- me parece que usted debe ordenar otro viaje del chasqui-espía hacia afuera, para que de esa manera, le traiga información precisa, de estas haciendas... entonces su alteza, junto con sus ejércitos, podrá llevar a cabo, un plan preciso de conquista.-
-Esa es precisamente una de las cosas que quería contarles. Que el chasqui-espía realizará otro viaje al exterior, para traerme información precisa, y contundente.
-Pero también quiero dejar bien claro, aquí y ahora... que las batallas serán muy pronto, pues vamos a recuperar el Tahuantinsuyo a través de las armas.
Conquistaremos Cascaden, luego Marampampa, luego Marampampilla y después iremos a Catache Para de allí, y según la información que nos traiga el chasqui-espía, conquistaremos ese sitio, donde creo fue ejecutado nuestro padre Atahualpa, al que creo lo llaman... Cajamarca.
-Una vez allí -exclamó- daremos el gran asalto final. Sitiaremos al Cuzco, y después de una divina, muy divina batalla, lo recuperaremos. Escuchen, yo creo que recuperando al Cuzco, habremos recuperado para siempre macchupicchu, y el Tahuantinsuyo...
-Señores...-volvió a decir- ¡la hora de nuestra grandeza!... ¡ha llegado!-
Todo el salón estaba tenso, después de la declaración de Ollancarchy. Entonces los cinco comandantes, se pusieron de pie, y con paso marcial, caminaron hasta llegar donde estaba el inca. Luego de darle sus respetos, le dieron su aprobación y apoyo... aseverándole que estaban listos para la brega.
Los ancianos, miembros del venerable concejo de los orejones, que se encontraban a cierta distancia, frente del inca, se pusieron de pie, y en singular, y plausible momento... lo ovacionaron, expresando de esta manera su conformidad.... con el hijo del sol. Una vez más... todo había quedado bien claro. Ollancarchy se levantó de su sillón, y luego de despedirse de los presentes, salió del salón... acompañado siempre de su corte imperial.
Ya en sus reales aposentos, hasta donde llegó acompañado de su hijo Pacctallantay, lo llamó a su lado, y le ordenó...
-Hijo... ve donde el chasqui-espía, y dile que mañana temprano lo quiero aquí, listo, para que haga otro viaje al exterior. Ve hijo... ve rápido pues estoy impaciente-
-Muy bien padre, enseguida voy a cumplir tus ordenes -dijo Pacctallantay, al tiempo que salía presuroso, hacia la aldea del chasqui-
Pacctallantay por voluntad de su padre, sería el legítimo heredero al trono, el día que él muriera. A sus dieciocho años, él era un joven curioso, y demasiado inquieto.
Como todos... había nacido y se había criado en el campamento. Pero al escuchar a su padre, que afuera había un mundo exterior... un mundo diferente, Totalmente diferente, al que hasta hoy conocía... el joven se llenó de mucha inquietud, de curiosidad, y de ansias extrañas.
¿Cómo será todo allá afuera?... ¿Acaso aquellos lugares serán más hermosos que el campamento? se preguntaba intrigado.
Es que el heredero era muy impulsivo, y tenia ansías de conocer más... mucho más de lo que hasta ahora, habían visto sus ojos.
Era algo travieso, inquieto y juguetón, como un niño... pero eso si... muy firme para tomar sus decisiones. Y él... ya había decidido conocer aquel mundo exterior, conocer a aquella gente. Sentía que ya los odiaba... por haber invadido su territorio, y por haber destrozado el imperio de sus antepasados.
Por eso... cuando llegó donde se encontraba el chasqui-espía, después de darle el recado de su padre, le preguntó muy convincente... como dando una orden.
-Dime... ¿Cómo es el mundo allá afuera... hay más espacio que acá?... tengo curiosidad por saberlo todo-
-Si Pacctallantay hay mas espacio, y he visto cosas que jamás imagine. Ahora que tengo que salir otra vez, trataré de llegar hasta ese campamento, llamado Cascaden, para ver como es por dentro-
-¿Tú crees, qué después de la guerra, y según lo que has visto... podremos recuperar esos lugares, que según mi padre nos pertenecen?-
-Yo creo que con una buena estrategia de batalla, realizando un gran ataque... ¡Sí se puede!... además todos los jefes del ejercito y sus guerreros, están bien entrenados, y listos para ofrendar sus vidas. -
- ¡Qué bien caramba!... Ahora... escucha bien, lo que te voy a decir -dijo Pactallantay muy severo- tú sabes que soy el próximo inca del imperio, y como tal, necesito saberlo todo, para gobernar bien cuando me toque hacerlo. ¡Mira! no quiero decirle nada a mi padre, porque quizá ponga alguna objeción. Pero... ¡escucha!... ¡quiero salir contigo! En forma secreta.
-Mira... esto también te conviene, pues te prometo que cuando yo asuma el poder, te haré el primer jefe de mis ejércitos... los cuales serán muchos-
El chasqui-espía dio unos pasos adelante, y luego otras vueltas. Sintió muchas angustias en el alma, pues... podría estar obrando mal, porque él debía salir sólo. Pero por otro lado, sabía que estaría llevando, al próximo gobernador del zozobrante imperio, y esto para él, era importantísimo, como la mismísima orden de Ollancarchy.
-Mmhhh... bueno... está bien te llevaré. Pero como sabemos, nadie debe saber esto. Lo hago por nuestra amistad, y porque yo en tu lugar, también querría hacer este viaje. Sólo tenemos que pensar como burlar la vigilancia extrema, de los guardianes del túnel secreto.-
-Mira... ya había pensado en eso -respondió el heredero- mañana al momento que vas a salir, les dices que vayan un momento a mi aldea, pues necesito su ayuda, con urgencia, en las cosas de mi padre.
-Cuando vayan a buscarme, yo ya estaré cerca del túnel secreto, y entraré para salir contigo. En mi aldea dejaré diciendo, que les digan que he salido. Al no encontrarme darán por finalizado el asunto, y volverán a sus puestos... ¿entiendes?...-
-¡Si1... entonces quedamos así. Bueno... nos vemos mañana-
A la mañana siguiente, después de ir donde estaba el inca, y recibir las ordenes correspondientes, el chasqui-espía llegó hasta el túnel secreto.
Después de decirles a los celosos guardianes, lo acordado con Pacctallantay, entró en el túnel.
Los tres guardianes salieron rápido a prestar la ayuda solicitada, lo que aprovechó el heredero, para entrar en el túnel. Allí se encontraron los dos, para luego con paso ligero... alcanzar la salida. Al llegar a la salida, el chasqui-espía movió el tronco hacia abajo, entonces vieron la luz, de aquel mundo exterior. Al salir, pusieron el tronco en su lugar, sellando bien el túnel.
Pacctallantay seguía con mucha precaución a su guía, muy atento trataba de imitar sus movimientos. ¡Estaba deslumbrado!... era la primera vez, que respiraba aire, fuera del campamento.
Era cierto... todo era más amplio, todo parecía más bello, y esplendido.
Después de escalar la rocosa rivera, comenzaron su caminata, siguiendo a lo lejos, el camino de herradura, el cual ya era conocido por el chasqui-espía. Ya habían subido a casi la mitad del cerro, cuando se detuvieron bajo la sombra de un charan. Pacctallantay quería admirar hondamente, el bello paisaje andino.
Estaban en aquel embelezo... cuando de pronto sus finos oídos, escucharon el lejano rumor de un ruido. Algo se acercaba... ¿Qué será? Se preguntaron, mientras los dos buscaron un buen lugar, donde camuflarse.
El ruido se hacía cada vez más cercano, por eso se quedaron quietos, y así pudieron ver, de que se trataba.
Era una hermosa joven, que subía la alta cuesta, montada sobre un caballo, que a su vez jalaba a otros, que traían una pesada carga. Venía por el camino, tratando de llegar a algún destino. Al llegar un poco más allá de estaban escondidos, las acémilas se detuvieron, pues querían beber agua, en la acequia que corría aguas abajo.
Al detenerse, la hermosa joven bajó de su caballo, y su larga y blonda cabellera, se movió al compás de sus movimientos. El viento andino parecía besar su cabellera, y su lozana tez, tenía una expresión de cansancio; y esplendor a la vez.
Ella cual ninfa, se acercó a la acequia. Después de beber la fresca agua, comenzó a lavar su rostro, y a humedecer sus largos cabellos. Llevaba puesta una blusa algo descotada, que dejaba ver la hermosura de sus hombros, y una falda de pliegues, que dejaba notar la redondez de sus caderas. Sus tersos pies, calzaban sandalias de cuero, sujetadas por llamativos broches.
Pacctallantay... no sabía ahora, de lo que realmente estaba deslumbrado. Si de la plenitud del paisaje andino, que nunca antes había sentido en su inmensidad... quizá de lo extraño que le resultaban esos animales que ayudaban a la joven, los cuales nunca había visto...o... de aquella impactante belleza femenina, que había estremecido su hasta hoy... impenetrable corazón.
El heredero del zozobrante imperio, no quería, o no podía despegar la vista, de aquella perfecta figura femenina. De haber podido, hubiese corrido a su lado para ayudarle a subir al caballo, y acompañarla en su viaje, mas... tuvo que contener sus ansías, y quedarse quieto.
Después de dar de beber a las acémilas, la hermosa, acomodó sus cabellos, y subió a su caballo, con la delicadez de una doncella.
La bestia parecía complacida con su exquisita carga, pues apenas la joven subió en su lomo, dio un relincho de satisfacción, y algarabía, luego con paso cuidadoso... continuó el viaje.
Pacctallantay, aún anonadado, parecía mimetizado con el paisaje. No había duda, su corazón indómito y rebelde, había sido conquistado... pero, y aquel rencor que había nacido en su corazón, hacía los invasores... tal vez... ¿había desaparecido?
Así estaba sumiso... cuando la voz de Cmhuyccho lo volvió a la realidad.
-Despierta amigo... ya se fue... ya podemos continuar el viaje-
Ya iban a reiniciar la caminata, cuando...de pronto, vieron que un pequeño bulto, que iba en el lomo de uno de los caballos... se cayó, y al soltarse, fue rodando, hasta llegar a unos arbustos que estaban en la bajada. Ya Iban a salir a recogerlo, cuando escucharon un ruido qué a pocos se acercaba. Era el resto del grupo, que acompañaba a la joven en su llegada a Cascaden.
Los curiosos se escondieron nuevamente, hasta qué el grupo de hombres había desaparecido.
Salieron de su escondite, y luego de percatarse que estaban solos, decidieron buscar el pequeño bulto.
Luego de rescatarlo, tuvieron la curiosidad de saber lo que contenía. Lo que encontraron los sorprendió. Había un coqueto espejo, con tinturas, y maquillaje femenino, en una cartera, encontraron pertenencias de la joven, y lo más importante, sus documentos. En el resto del saco encontraron ropa masculina, como camisas, pantalones, sandalias, ropa interior, sombreros y correas.
Los curiosos miraban, y miraban, maravillados y extrañados, todas estas cosas. Nunca habían visto un espejo, una fotografía, ni tampoco ropas como esas. Después de palpar con mucha curiosidad aquellas pertenencias, las guardaron, pues querían llevarlas con ellos.
Ya era tarde y llegaba la noche. Parecía que iba a caer una lluvia torrencial. Pacctallantay le sugirió al chasqui, que lo mejor sería, que pasaran la noche fuera del campamento. Parecía que en el fondo, quería estar cerca de esa hacienda. Así lo hicieron construyendo cada uno su improvisado lecho. Ya en la quietud de la noche, los viajeros comenzaron a intercambiar ideas.
Fue entonces que como movido por un resorte, el chasqui-espía dio un gran salto...
-Ya se... ¡se me ha ocurrido una gran idea!... ¡claro!.. Ya se... haremos lo siguiente -dijo mientras el otro lo miraba sorprendido- mira... para poder entrar a la hacienda, tenemos que vestirnos igual que ellos, con estas ropas que hemos encontrado en el saco. Les diremos que venimos de Catache, trayendo un encargo para don Burga, y otro para su hija.
Ahora... cuando nos pregunten cual es el encargo, pues les entregamos... las cosas que están en esta cartera; porque estoy seguro que pertenecen a la señorita que las traía, que seguro es la hija del dueño de la hacienda-
Al oír esto... Pacctallantay se llenó de emoción. Sólo así, Tendría la oportunidad de estar cerca, y hablar con la mujer, que en un instante, le había atrapado su indómito corazón.
-Me parece que nada mejor se nos hubiera ocurrido ¡claro!... eso haremos -dijo el heredero emocionado-
-Bueno pues, descansemos, que mañana tenemos bastante por hacer -terminó diciendo el chasqui-
La aurora anunció radiante la llegada del nuevo día, y los viajeros se levantaron presurosos de sus improvisados lechos, dispuestos a realizar la idea concebida... la noche anterior. Sacando la ropa masculina que había en el saco, escogieron cada uno, la que mejor le quedaba, y se vistieron como la gente de la hacienda.
Ya vestidos, se dieron cuenta que los hombres usaban cabello corto, así que para disimular esto, se recogieron el pelo, y se pusieron los sombreros. Una vez listos, arreglaron el bolso que suponían, era de la joven, que habían visto antes. Entonces muy decididos, avanzaron por el camino que llevaba directamente a la hacienda Cascaden. Al llegar a la entrada, con ojos curiosos y disimulados, trataron de apreciar todo, lo que la vista les permitía ver.
El portón estaba custodiado, por seis hombres, armados con escopetas de gran alcance. Los recién llegados, con curiosidad disimulada, miraron las armas, y por intuición supieron lo que eran.
-¿Qué cosa desean?... -preguntó fastidiado, uno de los guardianes con marcado celo-
-Buen día... -respondió el chasqui-espía, dominando su nerviosismo- traemos un encargo para el señor Burga, y otro para su hija-
-¡Para el señor Burga?... ¿Y de dónde están viniendo ustedes?-
-somos de Catache-
-¿De Catache?...preguntó desconfiado el guardián-
-Sí... y traemos un presente para el señor Burga, de parte de mi patrón -respondió el chasqui-espía mientras miraba que las armas de los guardianes, se movían peligrosamente-
-¡Mmmhhhgg!... refunfuño el guardián, mientras lo miraba con recelo-
-Está bien... pueden pasar...
-¡gracias!... puede decirnos, ¿cuál es la aldea del señor Burga...?
-El señor Burga se encuentra en la casa de color blanco, la que esta al fondo, la grande... ¡ah!... y aquí no hay aldeas -acotó el hombre- estas son casas.
-Muy bien... -dijo el chasqui-espía tratando de dar por terminada la conversación-
Sabía que los otros, podían darse cuenta que ellos, estaban mintiendo. Entonces haciéndole un gesto a Pacctallantay, entraron en la hacienda, siguiendo el camino que les habían señalado.
Un señor de espesa barba, y robusta presencia, elegantemente vestido; salió en ese momento de la casa grande.
-Ese debe ser el señor Burga -se dijeron-
-Buen día señor...-dijo el chasqui al llegar-
-Buen día... ¿qué se les ofrece?...
-Lo que pasa señor... es que nosotros veníamos para acá, y en el camino nos llamó la atención, un bulto que estaba tirado al costado, entre unos arbustos. Mire...es una cartera, y pensamos que pertenece a su hija-
Fue entonces, que el gesto adusto, desapareció del rostro del hombre, y con marcada actitud de aprecio les dijo...
-¡Ah!... muchas gracias hombre... mi hija ya me había comentado de esta pérdida. Estaba a punto de ordenar, que un grupo de hombres vayan a buscarlo, Pero que suerte que ustedes lo hayan traído -agradeció- mi hija acaba de llegar de la capital, donde estudia, y pasará un tiempo conmigo, y estas cosas son muy importantes para ella.-Dijo amable- ¡Ah!... pero ella está allá... justamente es la chica que se encuentra acariciando al caballo pinto. Vayan y entréguenle personalmente sus cosas-
Para Pacctallantay estas palabras sonaron a gloria, tomó inmediatamente el bolso, y adelantándose... se acercó para entregárselo a su incógnito amor. Mientras se acercaba a ella...el príncipe heredero pensaba... ¿Cómo será el tono de su voz?... quería sentir la dulzura de su mirada.
Al llegar donde estaba la saludo... y su corazón se sintió muy agitado, tal vez de emoción ahogado.
-Buen día... señorita -dijo, y su voz agreste esta vez pareció un ruego-
La joven que se encontraba mirando al horizonte, mientras acariciaba las crines de su pinto caballo... volvió su terso rostro, para responder el saludo del recién llegado.
Antes que pudiera hacerlo, la bella sintió la mirada enérgica y tierna a la vez, del futuro inca, y una sensación extraña... estremeció su corazón.
-Buen día... -titubeó al responder perturbada-
Parecía que una mágica y extraña fuerza, estuviera enlazando sus miradas, como si sus jóvenes corazones hubieran sido agitados... a un mismo tiempo. Era como si un esperado encuentro, retrasado por el destino... se estuviera llevando a cabo en ese momento.
Ella muy sobria, dueña de una belleza cautivadora, sintió en ese momento un extraño presentimiento... como si lo conociera. Como si hubiese estado esperando, que algún día apareciera por su vida. Aun sin saber quien era... aun sin haberlo conocido.
-Disculpa... veníamos para acá, y en el camino encontramos esta cartera azul, que pensamos que es tuyo y...
--¡Ah... es mi cartera! gracias -respondió coqueta y nerviosa- pensé que lo había perdido para siempre. Es que aquí guardo, documentos, y cosas muy importantes para mí... además de mis maquillajes para estar bonita.
Ya un poco repuesto de la primera impresión... Pacctallantay se daba cuenta que ella era bastante amigable, y eso le daba la posibilidad de acercarse a su vida.
También sabía que tal vez ya no tendría más oportunidades, que tal vez, esa era la única, para acercarse y conquistarla. Entonces quiso iniciar una conversación mas intima, más amical.
-Disculpa... pero hasta ahora no me has dicho tu nombre,... no se... tal vez quieras decírmelo -dijo algo sonriente-
-¡Ay... sí! ... disculpa. Mi nombre es Estrellita Burga, soy la hija del dueño de la hacienda.
-Que lindo nombre... de aquí en adelante cada vez que mire al cielo, me acordaré de ti...
-¡Ah!... muchas gracias...
-Pero... es que es verdad... tu nombre es lindo, y tú eres muy hermosa...
Al notar que ella se estaba sonrojando, decidió cambiar el tema de la conversación.
-¿Dime...? tu papá nos ha dicho que solamente vas a estar unos días por acá, ¿Es cierto?...
-Sí...así es... solo estaré unos días, y después volveré a Lima, pues allá estudio...
-Pero eso es poco tiempo... mira... ¿sabes qué?... Como vas a estar poco tiempo por acá, yo quisiera... no sé... tal vez quieras dar un paseo fuera de la hacienda. Conozco sitios bonitos, donde tú y yo podríamos, no sé... tal vez...Conversar, conocernos mejor. En fin... ser más amigos. ¿Que dices?...- preguntó con ansiedad...-
Ella se quedó pensativa. Era tan poco el tiempo que lo conocía, como para salir con él. Pero por otra parte había una gran corazonada dentro de ella qué le pedía aceptar la invitación .bueno además se dijo no había nada que se lo impidiera... además, eso le ayudaría a no aburrirse en la hacienda... quizá él era la persona esperada.
-Mmmhh... bueno... está bien -respondió ella- pero será pasado mañana, en la mañana.
Mira... te esperare en la acequia, allí donde beben agua los caballos. Pero aún no quiero que mi padre se entere que voy a verte... por eso debemos ser cautelosos.-
A Pactallantay le pareció haber escuchado, lo más hermoso del mundo, por eso muy alegre dijo...
-Me parece excelente... estaré puntual a la cita, espero que tú también...
-¡Claro!... no te preocupes... cuando digo qué voy a hacer algo, es porque lo voy a hacer... ¡no faltaré! -
Ya había logrado su primer acercamiento, por lo tanto, lo más prudente era retirarse... así que luego de despedirse de Estrellita... buscó con la mirada a su compañero, que se encontraba sentado en un banquillo, a unos metros de distancia.
Luego de hacerle una señal de partida, los dos visitantes, se retiraron del interior de la hacienda.
Esa noche, los amigos, de nuevo fueron a dormir a los improvisados lechos, que los habían cobijado la noche anterior. Ya instalados en sus improvisadas camas, trataban de descansar, cuando el chasqui-espía le dijo...
-Oye, cuéntame pues... ¿Qué pasó... acaso lograste algo con ella?
-¡¡Siiii!!... -respondió alegre Pacctallantay, mientras daba un manotazo lleno de jubilo en el aire- pero lo más importante amigo Camhuyccho... es que logré hacer una cita con ella. Hemos acordado salir pasado mañana, a dar un paseo. Quizás pueda conquistarla... la deseo con toda mi alma...
-¡Qué bieeennn!...excelente amigo mío... pero escucha... también hay algo importante, que nos va a ser de mucha utilidad.
Pasado mañana cuando estés conversando con ella pregúntale todo acerca del mundo.
Ella podrá decirte todo lo que queremos saber, y así podremos llevarle una información más exacta a tu padre. Ella te dirá lo qué ha pasado con el imperio durante todos esto años... ¿y porqué dicen qué la capital ya no es el Cuzco?
-Pero claro... como no se me había ocurrido
-interrumpió sobresaltado- haré que ella me cuente todo... estoy seguro que lo hará, ¡claro que si...! pero ahora, hay que descansar, pues hoy ha sido un día muy trajinado y especial... mañana ya veremos que pasa... ¡hasta mañana!-
-Hasta mañana -dijo el chasqui acatando el pedido.
El día siguiente, fue de reconocimiento para los viajeros. Caminaron mucho, mirando el inmenso valle, contemplando la majestuosa serranía, y los pincelados paisajes andinos.
Caminaban confiados, con las ropas que vestían. Sabían que si alguien los veía, los confundiría con los pobladores del lugar.
Conocieron lugares exóticos, bellos. Pacctallantay los tomó en cuenta, para llevar de paseo por allí a su amada, al día siguiente. Ya entrada la noche, regresaron a su improvisada morada.
Luego de cenar parte del rico fiambre, que habían llevado en gran cantidad, chaccharon una gran bola de coca, y ultimaron los detalles, para el día siguiente. Después de esto, lograron conciliar el sueño.
Antes del amanecer,, Pacctallantay ya estaba despierto, y mientras encendía una hoguera, para hervir una bebida caliente, intranquilo se agitaba, al pensar en el encuentro que sostendría, con la mujer que había conquistado su corazón.
Esperó con ansiedad las diez de la mañana, hora del encuentro. Pero...antes de la hora, el joven ya se encontraba en el lugar de la cita.
Ya estaba inquieto... cuando para su alegría, a lo lejos escuchó los chasquidos, del conocido caballo pinto, que se acercaba a la acequia. Se emocionó al verla llegar, estaba tan hermosa, que se estremeció
Cuando se detuvo frente a él... quiso ayudarla a bajar pero la hermosa le dijo que mejor irían a otro sitio. Que suba en la parte trasera, para que puedan ir juntos.
Algo confundido, porque nunca había subido a un caballo, le dijo que mejor iría a pie, llevando las riendas del animal
Ella aceptó, y juntos emprendieron el camino. Él la llevaba por sitios donde había estado el día anterior, hasta que llegaron a la mediana planicie, de un pequeño cerro, enseñoreado con la presencia de una escasa niebla, pero matizado por un verdor de pincel. Pacctallantay detuvo el caballo, y ayudando a la joven la bajó, de su montura.
-pero esto es muy hermoso... nunca había venido por aquí-
-Me alegro que te guste, pues yo quisiera ofrecerte lo mejor, para que estés contenta -le dijo mientras ambos miraban el andino panorama-
De pronto ella preguntó...
-Oye... dime ¿cuál es tu nombre?... pues hasta ahora no me lo has dicho...
-oh...es cierto...mi nombre es... Pacctallantay...
-¿Pacctallantay?...-repitió algo confundida-... es un nombre raro, no lo había escuchado, más parece un nombre sacado del lenguaje incaico
-Sonrió al decir- o sea, del imperio de los incas-
-¿Del imperio de los incas?...-preguntó intrigado, dándose cuenta que ese era el mejor momento para averiguar lo que tanto quería saber- oye... eso me interesa aunque no lo creas, casi no se nada de eso, que sabes tú del imperio... ¡vamos cuéntame!
-Ja.ja-ja-ja... -río la joven con delicadeza hilarante - ¿pero si eso es parte de la historia del Perú?... ¿acaso no has leído libros de historia del Perú?-
-Si pero casi ya no me acuerdo... anda... dímelo tú... cuéntamelo por favor -le pidió suplicante -
Ella al darse cuenta, qué en verdad, él quería saber sobre el tema, decidió contarle...
-Bueno te lo contaré... aunque ya no es ninguna novedad ¡eh¡ Bueno escucha... el imperio tuvo catorce incas contando con Atahualpa... Él le quitó el trono a su hermano Huascar después de cruentas batallas. Fue en este tiempo que llegaron los españoles, y fueron ellos los que finalmente conquistaron y destruyeron el imperio. Luego de matar al inca, tomaron prisioneros a los indios, y durante mucho tiempo abusaron de ellos, con trabajos forzados, y muchos flagelos más.
-Luego llegó una época de revoluciones, fue en esta época qué llegaron los libertadores José De San Martín y Simón Bolívar, quienes después de vencer a los españoles... los expulsaron del Perú y declararon su independencia.
-Pero... ¡mira! ya era demasiado tarde, pues el Tahuantinsuyo ya había sido destruido y dividido. Por ejemplo por el norte fue Ecuador, un pedazo esta en Colombia, y otra parte esta en Chile -narró mientras Pacctallantay la miraba con estupor-
Mira... aquí donde estamos ahora, es el Perú y todo esto -señaló la lejanía- era el Tahuantinsuyo.
-Es más, te diré que la capital ya no es el Cuzco, como lo fue en el imperio. Ahora la capital es Lima... y es allí donde yo estudio.
Pero mira... si hasta parezco tu profesora de historia, y seguro te he dicho cosas qué tu ya sabías...-
Un poco atribulado por lo que había escuchado. Pacctallantay se quedó muy callado, mirando con desazón al vació ¡sentía una pena tremenda en su alma! La joven al darse cuenta de su melancolía, le dio una palmadita en el hombro, lo cual hizo, que reaccionara, y volviera a la conversación.
-Ah perdona... es que cada vez qué escucho, sobre las maldades qué se cometieron con los indios me lleno de indignación y dolor.
-¿Cómo fue posible qué pudieran cometer tantas atrocidades, y que hasta hoy sigan impunes? -Dijo mientras en su lucida mente, retenía todo lo que ella le había contado- entonces dándose cuenta que tenía qué cambiar de tema, le dijo perturbado.
-Pero mira... no sabes cuanto deseé este momento, para tenerte cerca y hablarte de otras cosas, y mira... estamos hablando se historia...
-¡De otras cosas!... mmmhhh... de que secretos me querrás hablar -dijo coqueta-
-No Estrellita, no es secreto -la miró tiernamente, mientras tomaba una de sus manos, y ella también apretó la suya- mejor dicho, ya no será ningún secreto-
Sus miradas estaban fijas, como si quisieran leer lo qué albergaban en sus almas. Él sabía que tal vez esa era la única oportunidad que tenían, que tal vez ya no habría otra... así que abriendo las puertas de su alma le confesó.
-Estrellita... desde aquella vez que te vi... quedé prendado de ti -suspiró al decir- amo tu ternura tu belleza, tu candor. Te declaro mi sincero amor, quiero entregarte mi alma y mi corazón. Por favor corresponde a este sentimiento, no dejes huérfano a mi corazón. Quisiera ser tú pareja, y ruego para que en este momento, me digas un si-
Cada palabra que llegaba a la joven, producía un gran estremecimiento dentro de ella, como si inconscientemente hubiera estado esperando este momento en su vida. Ella también se sentía atraída por su gallardía.
-Pero... no sé... no te parece que es demasiado rápido. Yo no esperaba esto, y además...
-Tal vez Estrellita... pero como ya sabemos
-interrumpiéndola la miró con ternura- va a ser poco el tiempo que vas a estar por acá, entonces yo pienso qué no tendremos muchas oportunidades. No sé... mira amor... yo no quisiera perderte-
-Si pero... es la segunda vez que te veo, la verdad... Yo no sé que hacer-
-Sólo tienes que decirme que si... no lo pienses más, y acepta a este corazón enamorado -dijo casi suplicante, mientras acercaba su rostro al de ella, y su boca susurrante, se acercaba más y más, a su amada-
Ella ya no tenía fuerzas para rechazarlo. Se sentía dominada, y en su interior, deseaba tanto, que él... la besara. Y así fue...sus labios se unieron en amorosa entrega, y el andino paisaje... pareció matizar con sus vivos colores, al amor, que había nacido en los corazones, de la joven pareja.
El imponente vuelo de un gran cóndor, majestuoso y altivo... presenció la sublime escena... ¡ella lo había aceptado!
-Está bien... te acepto -dijo ella desmayante- no sé... estoy perturbada... es la primera vez que alguien me besa-
-No te preocupes amor... yo te haré feliz, pues sólo quiero amarte y vivir para ti. De hoy en adelante tú serás lo más importante en mi vida-
-Ojalá sea cierto todo lo que me estas diciendo. No quiero sufrir la pena de un desamor...
Sin dejar de abrazarla... Pacctallantay le susurró...
-No... no... yo nunca permitiré qué sufras. Antes preferiría morir. Desde hoy, los dos seremos como un solo ser-
-Pacctallantay eres un ser maravilloso. Parece que toda mi vida he estado esperándote, para amarnos... ¡oh... mi amor! -
Ahora fue ella quien se acercó hasta su boca, para darle un beso, que el joven recibió con gran frenesí, correspondiendo con profunda pasión pues el verde césped qué cubría el piso de la cima del gran cerro, los invitaba a acostarse en el.
Llenos de amor, se acostaron en aquel lecho natural, y la joven pareja, llenándose de caricias... parecía recobrar el tiempo... las horas perdidas... las horas donde aun no se habían conocido.
Muchas horas pasaron juntos, entre promesas, te quieros, y caricias, y esplendor de aquella tarde los cobijó, arrullándolos en el divino éxtasis del amor.

muy largo aburrido
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