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Te extraño Perú 

 

Tercera parte de la leyenda inka

 "PACCTALLANTAY"-el reto del Tahuantinsuyo

 

Agustín Cruz Morales

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Tercera parte:

 Muchas horas pasaron juntos, entre promesas, te quieros, y caricias, y esplendor de aquella tarde los cobijó, arrullándolos en el divino éxtasis del amor.
Fue la joven quien al mirar hacía el horizonte, se dio cuenta que el tiempo había pasado rápido, y que ya era hora de regresar.
-Mi amor... ¡oh... mira ya es tarde!... vamos, pues mi padre debe estar esperándome impaciente-
-Si claro -respondió con resignación- ... pero dime... ¿Cuándo nos veremos otra vez?-
-No sé déjame pensarlo. Mmmhhh... sólo te digo que la próxima vez, tenemos que vernos fuera de la hacienda, para que mi padre no se de cuenta-
-Muy bien... yo respetaré tus deseos. Aunque me parece que este sitio, es ideal para nuestras citas-
-Esta bien amor mío... así será -dijo ella-
-Pero dime... ¿Cuándo te veré otra vez? -Insistió-
-Mira... hagamos lo siguiente -respondió la bella- en seis días envía a tu amigo a la hacienda.
Que les diga a los guardianes de la hacienda, que lleva un encargo para mi, y que me avisen de su llegada. Entonces yo hablaré con él, y allí le diré cuando podemos encontrarnos otra vez... ¿te parece bien? No quiero que mi padre sospeche -Le dijo mientras lo abrazaba con amor-.
-¿Cómo podría decirte no?... ¡nunca lo haré! Será como tú quieras-.
-bien amor... ¡ahora si!... vamos. Ayúdame a subir a mi caballo, y tú sube al anca también, pues quiero estar cerca de ti-
Muy delicadamente, la subió en su fina montura. Después usando su ingenio, destreza, e intuición, subió al anca.
Trató de hacerlo sin imprecisiones, pues no quería que ella se diera cuenta, que nunca había montado.
Una vez acomodados, emprendieron el regreso. Pactallantay rodeaba su cintura, aspirando el aroma exquisito que emanaba su blonda y larga cabellera.
Disfrutaban tanto de esos momentos, juntos, que hicieron la promesa de amor eterno, prometiéndose así, que nada ni nadie los separaría, pues parecían hecho el uno para el otro.
Cuando llegaron cerca de la acequia, el joven bajó del noble bruto, para despedirse de la hermosa.
-Bueno amor así quedamos... pronto nos veremos, y cree que te voy a extrañar mucho -le dijo ella-
-Voy a pensar mucho en ti... y claro como te dije, cada vez que mire el cielo me acordaré de ti.
-Te amo, y estaré esperando con ansiedad nuestra próxima cita
Ven...dame un enorme beso -dijo él- que ya me voy.-
-Amor mío piensa en mí...
-Así será Estrellita-
La besó con gran pasión, luego se despidieron. y cuando el caballo pinto comenzó su trote, Estrellita comenzó a alejarse, mientras agitaba sus suaves manos, en señal de despedida.
Al ver que su amada ya se había ido, Pacctallantay giró para caminar de regreso, al lugar donde lo esperaba su amigo el chasqui-espía. Una vez reunidos, los dos acordaron el regreso inmediato, al campamento.
Conocedores del camino, los amigos, se deslizaban con precisión, en la reinante oscuridad de la noche. Después de bajar con cuidado, la rocosa rivera del rugiente río, hasta donde estaba la entrada del túnel secreto... se quitaron las vestimentas que estaban usando, para ponerse las ropas incas. Luego de esconderlas bien, avanzaron por el túnel dispuestos a llegar al campamento.
-Yo entraré primero para distraer a los guardias. Luego entra tú, y te vas directo a tus aposentos. Yo mañana iré a visitar a tu padre, para contarle lo que averiguamos, pero tienes que ir mañana temprano a mi aldea, para que me cuentes lo que te dijo Estrellita, acerca del imperio -aseveró el chasqui-espía-.
-Si claro amigo, está bien-
-Entonces vamos...
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Era muy temprano, cuando Pacctallantay fue donde el chasqui para contarle todo acerca del imperio, y del Perú actual, tal y como; se lo había contado Estrellita.
Una vez que Camhuyccho había escuchado todo el relato, Pacctallantay se retiró, dando lugar así, al chasqui, para que visite al inca
Ya delante del soberano, no sin antes reverenciar su dignidad, manteniéndose de pie, obedeciendo su orden, el chasqui-espía le contó con detalles, todo lo que había averiguado.
Al terminar su relato, vio como Ollancarchy se levantó en forma intempestiva, Muy furioso, se paró de su trono, lanzando un fuerte manotazo en el aire, el inca habló indignado, en un quechua nacionalista.
-¡Así que eso han hecho, esos miserables!... pues, yo ya lo presentía. Carajo... han dividido a su antojo el tahuantinsuyo... han cambiado su nombre por el de Perú, y hasta la capital; ahora es otra...
¡Pues yo no reconozco eso! -gritó furioso- para mí...Ollancarchy, inca del imperio del sol... la capital es el Cuzco...
-¡Acabaré con los que vinieron a conquistar mi raza! Odio a los que destruyeron el imperio de los incas...
-hizo una pausa leve, para luego aseverar- pues yo lo levantaré de sus cenizas...¡volveré a reconquistar lo perdido, y uniré y reuniré, mi territorio.
El chasqui que estaba cerca de él, se encontraba entre nervioso y asustado. Jamás había visto tan furioso al soberano.
-No me importa nada, que ya hayan pasado siglos, yo buscaré a esos idiotas, y tendrán que rendirme cuentas -volvió a replicar, mientras señalaba con el sunturpauccar hacia el inquieto horizonte- tendrán que devolverme todo, hasta el rescate que pagó Atahualpa, pues también vengaré su muerte. Yo soy el hijo del sol, y tengo su poderoso respaldo. La hora de mí revancha, está más cerca que nunca
.-severo añadió- Yo Ollancarchy... juro por mi raza y mis antepasados, que antes de un mes iniciaré la reconquista de lo que a mi raza le pertenece... haré la mas grande y divina de las batallas.
-Antes de un mes estaré recuperando lo que es mío... -dijo con rabia, para luego gritar mientras agitaba el sunturpauccar-... ¡éste es el gran reto, de mi raza rebelde e indomable!
éste es... ¡¡el reto del Tahuantinsuyo!! ...
-terminó replicando iracundo, con los brazos en alto como buscando abrazar al sol.
Luego el inca se quedó inmóvil... pétreo, y el sol pareció reflejarse en su cuerpo.
Maravillado el chasqui se dio cuenta, que el soberano debía quedarse sólo, en esos momentos de presión Comenzaba a salir del salón, cuando escuchó la voz autoritaria a sus espaldas.
-¡¡Espera carajo!!... ve y avísales a los jefes de mi ejercito que vengan Inmediatamente, pues necesito repartir ordenes con urgencia... muévete...ve rápido.
Ollancarchy se encontraba mirando, a través de una ventana hacía el horizonte, tenía las gruesas manos puestas en la cintura, y una contenida furia, se anidaba en su alma guerrera. En eso los cinco comandantes de su ejercito, le pidieron permiso para entrar, para poderlo mirar.
-Díganme rápido... ¿como se encuentra preparado mi ejercito?... -su voz pareció un estallido- imagino que ya lo tendrán listo para cualquier brega-
-Así es gran señor de los andes. Sólo esperamos sus órdenes, para ofrendar nuestras vidas si es preciso -respondió uno de ellos-
-Bien... ¡muy bien... carajo!, porque dentro de 20 días iniciaremos la gran hazaña. Vamos a Reconquistar el gran Tahuantinsuyo, porque mi raza indómita, no acepta esta dura realidad. Pelearemos hasta el último aliento, por lo que le pertenece
.-hizo una pausa mientras expulsaba una bocanada de aire contenido- Por eso, ya tengo una estrategia, un plan de batalla, que vamos compartir.-
Ollancarchy les mostró entonces una especie de planos y mapas, hechos por él mismo, de acuerdo con lo que ya le había contado el chasqui-espía. Había dibujado la ubicación de cada hacienda, para conquistarlas. Para él, Cascaden, Marampampa, y Marampampilla, eran grandes campamentos... que debían ser sometidos al imperio del sol, por eso al señalarles los improvisados planos les volvió a decir...
-Miren y escuchen con atención... nuestro primer objetivo, será Cascaden. Este campamento está protegido por un muro, que cerca todo su territorio, y su entrada, esta cuidada por cinco guardianes... los cuales están armados.
Este campamento debe contar, supongo... con unos 600 hombres más o menos, fuera de las mujeres y niños. Atacaremos de noche, y nuestro primer punto a favor será la sorpresa; pues ellos no esperan nuestro ataque.
-También se, que tienen armas que escupen fuego, por eso protegeremos a nuestros guerreros con sólidas corazas en la cabeza y en el cuerpo.
-Recuerden... ¡quiero la mayor cantidad de gente viva para someterlos al imperio! -Mientras les enseñaba en el mapa la ubicación de Cascaden...les dijo- vean... ¡aquí! más o menos queda la ubicación de Cascaden, y aquí, por aquí, más arriba queda Marampampa, y aquí, aún más arriba... ¡vean!.. Aquí donde les estoy señalando, a la derecha... ¡ven!... allí está Marampampilla. Con la misma estrategia los someteremos, pues estas haciendas son más pequeñas.
-Después de estas bregas, nos instalaremos con nuestro reforzado ejército en Cascaden. Será allí donde haremos nuestra fortaleza para seguir acordando nuestros planes, y no pararemos hasta llegar a la capital... el Cuzco.
Estoy seguro que el espíritu conquistador de Huayna-Capac junto a la tenacidad y audacia de Pachacutec, nos acompañaran, y alcanzaremos la anhelada justicia. ¿Qué les parece?... preguntó el estratega imperial-
-Excelente señor... -respondieron aquellos paladines del zozobrante imperio- todo está bien pensado-
-¡¡Ah... me olvidaba!!...-aseveró con nueva furia- atacaremos de noche. El ataque será por cuatro frentes, y será respaldado por un gran pelotón, que finalmente definirá la batalla ingresando por el portón del campamento. Una vez que todos mis guerreros estén adentro... la batalla será nuestra... ¡ah! vuelvo a decirles... ¡quiero la mayor cantidad de gente viva! ¿entendido?-
-Hemos entendido muy bien, señor de los andes
-respondió con sumisión, uno de los militares-
-Bueno... bueno... entonces vayan rápido, a seguir preparando mejor, a nuestros bravos guerreros. Recuerden que dentro de veinte días, saldremos a cumplir nuestra epopeya, y quiero a todos listos, para lograr una justa victoria. -terminó de ordenar enérgico-
Después de ordenar a los cinco comandantes que se retiren, quedó sólo. Fue en eso que Pactallantay quien había escuchado a lo lejos a su padre, se acercó, para con mucho respeto preguntarle...
-Padre... ¿porqué tanto apuro en reconquistar el Tahuantinsuyo si ya han pasado muchos siglos de espera?..-
-Eso es cierto hijo... pero yo no voy a esperar más tiempo. Nuestra raza clama por justicia, y yo se la daré.-
-Tus órdenes son indiscutibles padre, se hará lo que tú digas-
Pacctallantay luego de besarle las manos, se retiró del gran salón. El heredero, estaba viviendo una gran encrucijada.
Por un lado estaba la justicia y libertad, y por otra, ¡el amor! Su padre obraba con razón y justicia, al querer recuperar, lo que por derecho les pertenecía. Estaba bien, iniciar las batallas, para reconquistar sus tierras, y él...como descendiente de la raza inca... ¡lo sabía! Pero por otro lado tenía su corazón oprimido...
-Estrellita - pensaba-. ¿Acaso ella también tendría que pagar un alto precio, sufriendo por esta noble causa?
Entonces, quiso conversar sus preocupaciones, con su gran amigo el chasqui, a quien después de buscarlo, lo encontró en su aldea.
-Ya imagino como estas amigo -le dijo, adivinando el sentimiento partido, del príncipe heredero-
-Ay amigo... tengo mi espíritu herido, no se que hacer. Estoy aquí porqué se que me comprendes, y me darás un buen consejo.
-Claro que si... ¡mira! antes que vengas, yo ya estaba pensando en tu caso, y sabes... yo pienso, que lo más conveniente, es que no le cuentes nada a Estrellita.
-Lo que debes hacer es apresurar su viaje hacía ese lugar donde estudia. Que viaje con su padre, antes que se inicié la batalla.
De esa manera, no se enterará de nada, y te estará esperando en ese lugar, libre de cualquier peligro.
Una vez que tu padre haya reconquistado el Tahuantinsuyo, la vas a buscar, y luego de contarle la verdad... la haces tu coya. Será la reina mas linda de imperio, y así viven felices para siempre...
--¡Excelente amigo...! excelente idea. Pues como yo no puedo, ni debo impedir, el resurgimiento del imperio, creo, que tu idea es buena-
-Entonces hay que ponerla en práctica, pues ya no tenemos mucho tiempo...
¡Hagámoslo ya! -dijo el chasqui-
Algo preocupado Pacctallantay le volvió a decir...
-Ya transcurrieron cuatro días, desde que entramos al campamento, y Estrellita me dijo que en seis días nos veríamos de nuevo. Quiere decir que en un lapso de dos días la veré nuevamente. Por eso, tenemos que estar listos para salir.-
-Bien pues, eso es lo que haremos. Dentro de dos días iremos donde tu amada, y arreglas las cosas como te he dicho-
Con ansias, los dos amigos esperaron que pasen las horas, y se cumplan los dos días para salir del campamento. Al pasar los dos días, después de persuadir a los guardianes, salieron por el túnel secreto al exterior.
Una vez afuera, se pusieron la ropa foránea de la vez anterior, y enrumbaron a Cascaden. Durante el trayecto, Pacctallantay puso al tanto a Camhuyccho, sobre lo que tenía que hacer.
Le explicó detalladamente lo que habían acordado con Estrellita, poniéndolo al tanto de las cosas.
Después le deseó suerte, y el chasqui-espía partió a cumplir su misión... mientras él, se apresuraba en llegar, al lugar de su cita..
Ya habían pasado tres horas, y Pacctallantay se encontraba pensativo, pues quería que todo resulte tal y como lo había pensado.
Estaba absorto en sus meditaciones que no había sentido la silenciosa llegada de ella. De pronto sintió sobre su cabeza, aquellas manos tersas que tanto amaba. Giró enseguida y al sentirla cerca otra vez se sintió el ser más feliz de todo el imperio. Nuevamente miraba sus ojos claros, escuchaba su voz melodiosa, y también podía respirar el hechizo, de su larga, y blonda cabellera..
El joven hubiera querido detener el tiempo en ese momento. Perennizarlo, atraparlo en una inacabable eternidad, que le permita estar siempre, con su amada...
-¡Hola amor! Por ti he llegado presurosa, vine lo más rápido que pude... te extrañe tanto, que quería saber si eras un sueño, o, de mis sueños la realidad ¡oh amado mío!... te amo, como jamás, imaginé suspiró desfalleciente la joven-
Como respuesta, Pacctallantay la acercó a su pecho con mucha suavidad y pasión. Luego le dio un beso, sentido y largo, que ella, sintió estremecer todo su ser.
-Sabes amor... y de verdad te lo digo. Todas estas noches he mirado el cielo, y no he podido encontrar una estrella más linda, y más radiante que tú. Es cierto...-le dijo mientras besaba sus manos en tierna ofrenda-
-Amor mío... amor mío...-susurraba ella- .
Nuevamente el paisaje andino fue testigo, de aquel éxtasis susurrante, pues ellos, cabalgando en el ensueño de la ilusión, tal vez tocaron el cenit.
La inquietante niebla que envolvía aquel paradisíaco valle andino, enlazó en riendas de oro y púrpura, al amor naciente... Llevándolo junto al romance, a esa eternidad, donde sólo el Escorpio tiene santuarios estéticos, de fantasiosa deidad.
Pasaron así, algunas horas, y ellos no cesaban de amarse. Al notar, que inexorablemente el tiempo pasaba, y tenía que hablarle sobre sus planes... Pacctallantay quiso tratar con suavidad el tema. Por eso fue, que sin dejar de acariciarla...le preguntó tratando de llegar al punto deseado.
-Dime Estrellita allá donde estudias... ¿cómo es... es un lugar bonito?-
-Claro mi cielo...ya te dije que vivo en Lima la gran capital. Allá todo es diferente, y me gusta mucho...-
- ¿Y cuando regresaras para allá?-
-Ya me faltan dieciocho días. Es que por allí se acaban mis vacaciones...
-Mira amor... yo guardo en mi pecho una gran ilusión, y espero que tú la sepas comprender -dijo él- yo quisiera ir para allá, pero como sabes... no conozco la capital... entonces, no se que hacer.
¿Sabes mi vida?... es que quiero estar siempre cera de ti. Pero... ¿mira?... sólo puedo viajar, en diez días a más tardar, porque después ya no puedo, por razones familiares-
Confundida... Estrellita lo interrumpió.
-Pero porqué en diez días... no lo comprendo-
-Lo que pasa, es que por encargo de mi madre, viajaré a Lima a vender unos objetos de oro...
¿y sabes? tiene que ser antes que mi padre regrese de viaje. Es por eso, que tiene que ser antes de los diez días.
Si accedes, y me esperas allá, estaremos juntos mucho tiempo porque voy a estar esos días por allá, y tú mi amor, me enseñaras todo ese gran lugar-
Pensativa... dio unos pasos adelante, confundida
- A mi padre le va a extrañar mucho, cuando le diga esta repentina decisión, pues me dirá que ya no quiero estar cerca de él, y por eso me quiero ir-
-Si, lo sé. Pero mira, también había pensado en eso -respondió convincente- para que no haya ningún problema... mejor pídele a tu padre que viaje contigo. Después de todo, a él también le hacen falta unas vacaciones-
-Mmmhhh... mira amor -habló un poco ya repuesta la bella- yo por complacerte, y estar cerca de ti... intentaré todo lo que esté a mi alcance. Hablaré con mi padre, para realizar el viaje, antes de lo diez días que pides. Pero como comprenderás... no sé que me responderá.
Aunque si te confieso, que mi papá siempre hace lo que le pido. Pero de todas maneras -recalcó con cariño- no dejes de ir, que yo te estaré esperando allá. Sufriría mucho si me engañas-
-Cree mi cielo, que lo hago por nosotros, porque te amo con frenesí, con una enorme devoción.
Nosotros mi amor... tendremos un final feliz-
Estrellita, lo rodeó con sus brazos, y le dio un gran beso... como una muestra de sumisión y cariño... como una muestra sincera, de entrega y esperanza.
Ya al caer la tarde, se alistaron a regresar.
-Se hizo tarde mi amor... vamos ya -pidió ella- no quiero despertar sospechas, para convencer a mi padre del viaje-
-Vamos pero dime... ¿cuándo te veré nuevamente?-
-Mira... nos veremos dentro de dos días, en este mismo lugar, y. espero que no me dejes plantada...
-dijo bromeando la hermosa-
-Sabes que por nada en este mundo, me perdería una cita contigo. Pero mi amor -le dijo como un ruego- por favor convence a tu padre, yo sé que puedes hacerlo-
-Está bien... esta bien... ¡te lo prometo!-
Muy juntos y enamorados, cabalgaron de regreso. Al llegar al lugar de la despedida, volvieron a besarse con hondo delirio... tan sólo esperando que transcurran los dos días, para volverse a ver.
Estrellita agitó sus manos en señal de despedida, mientras que Pacctallantay se daba la vuelta, para regresar donde lo esperaba el chasqui.
Como habían salido escondidos del campamento, regresaron rápido, y antes de alguien se diera cuenta, Ingresaron con suma cautela al túnel.
En un descuido de los guardianes, entraron raudos al campamento. Luego, al llegar a su aposento... Pacctallantay le contó a su amigo, el resultado de su cita con Estrellita.
-Hice lo que me aconsejaste amigo. Le pedí a Estrellita que viaje con su padre, antes de los diez días a Lima.-
-¿Y qué te contestó ella...?-
-Bueno... me prometió que trataría de convencer a su padre, que en dos días me respondería.
Ella me esperará en el mismo sitio, y ojalá que todo resulte como lo hemos pensado. Así que en dos días tendrás que ayudarme a salir nuevamente. ¿Cuento contigo?-
-Pues claro que cuentas conmigo... cuenta conmigo para todo-
-Gracias amigo... no se que hubiera hecho sin tu ayuda. Algún día tendrás mi recompensa.
Al pasar los dos días... Pacctallantay y el chasqui salieron sigilosos del campamento. Luego de vestir las ropas foráneas, el heredero del imperio en zozobra, partió raudo a la cita con su amada.
Cuando llegó, Estrellita ya lo esperaba impaciente. El joven corrió a su encuentro para abrazarla, y besarla con delicadeza. Luego al mirarla fijamente, le preguntó algo extrañado.
-¿Porqué has llegado temprano mi amor?-
-Es que casi no pude venir, pues mi padre, no quería dejarme salir de la hacienda...-
-Pero... ¿porqué?... ¿acaso sospecha algo... o es qué no aceptó la idea del viaje? -preguntó con ansiedad-
-Es por eso justamente... él piensa que aquí me estoy aburriendo, entonces quería dedicarme el día, llevándome a pasear por diferentes lugares.-
-Pero entonces... ¿no aceptó lo del viaje? -
-Mira... al principio no quería... pero yo usé todos mis encantos... ¡Y lo convencí! ... todo lo hice por ti amor, porqué quiero verte feliz.-
Para el joven esa era la mejor noticia... ¡su amada estaría a salvo! ... muy lejos de la cruenta batalla, que pronto se iba a desencadenar allí.
-Gracias amada mía, yo sabía que no me ibas a fallar... te amo... te amo-
-Yo te amo mucho más... y cree... todo lo hago por ti, pues quiero que tu cariño sea siempre mío. Es por eso, que sin falta, nos encontraremos allá, para ser inmensamente felices-
-Así será mi amor -dijo la joven mientras le acariciaba los hombros- pero déjame terminar de contarte. El viaje lo haremos en cuatro días, así lo decidió mi padre. Sin embargo, él quiere estar cerca de mí todos estos días. Como te dije, él piensa que aquí me aburro, y piensa llevarme a pasear todos los días. Por eso amor mío, creo que esta será la ultima vez que nos vemos en este lugar. La próxima vez que te vean mis ojos, será en la capital.
-Yo iré a recogerte cuando llegues, y luego te enseñaré la ciudad -dijo tierna la hermosa- mira mi cielo, esta vez no me quedaré mucho tiempo contigo, porque como te he dicho, mi padre me está esperando. Aun no quiero que se entere de lo nuestro, pero en Lima los dos iremos donde él, y se lo contaremos todo. Nos amamos... y tendrá que aceptarte... ¿esta bien mi vida?-
-Como lo desees... todo va a estar bien... ven a mi lado.-respondió agradecido-
-Ven...caminemos juntos, y no dejes de abrazarme hasta llegar al sitio de nuestra despedida. Porque después de este día, ya no sentiré tu piel, hasta encontrarnos en la capital.-
Pacctallantay la abrazó con devoción y cariño, tratando de transmitirle su gran amor. Quería empaparla toda para impregnarle su recuerdo hasta el día de su reencuentro. Cuando llegó el momento de despedirse, se dieron un fuerte abrazo... como si quisieran fundirse el uno con el otro.
Una mezcla de tristeza y alegría llegó en hilos dorados a sus corazones enamorados, y atraparon de la vida todo, jurando sellar juntos su destino, venciendo cualquier obstáculo, cualquier intriga.
Estrellita le hizo entrega muy emocionada de una postal, que había traído de Lima. Muy convencidos que el destino los seguiría uniendo en otro lugar, se despidieron con la promesa de estar juntos en un futuro muy cercano.
Fue una vez más, que Pacctallantay vio alejarse a su amada, pero esta vez la siguió con tristeza en la mirada, hasta que se perdió en el andino horizonte.
Entonces, suspiró profundamente, y buscó furtivas esperanzas en promesas lejanas, sabía que el futuro era incierto y cruel, más la fuerza insigne, del amor, del verdadero, y real amor, lo acompañaría incondicionalmente, desde aquel momento, en el combate con sus decisiones.
¿Cómo olvidarla? ¡No...No podía! Allá, en el campamento tenía a su antojo a las mujeres más hermosas de su reino, y por ninguna había sentido, aquella pasión desenfrenada. Pues sólo fue por ella, tan sólo por ella, por quien su corazón latió con aquel frenesí. Para él, todo era inexplicable.
Ya de regreso le dio las buenas noticias al chasqui. Por su lado había preparado Todo, para que su padre, reconquiste el Tahuntinsuyo.
Regresaron sigilosamente, con mucho cuidado. Ya en el campamento... los amigos se despidieron, retirándose cada uno a sus lugares

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Los Retadores... Del imperio del sol

El reto del Tahuantinsuyo.

Apresurado y belicoso, era el ajetreo que se vivía, dentro del campamento, y todos absolutamente todos, esperaban con ansias el día señalado.
Mientras tanto... el inca afinaba astuta y seriamente, los últimos detalles, dibujando sobre una tela, líneas y trazos, que serían la guía a seguir, en las batallas a librar
El campamento vivía todo este tiempo, un agitado trajinar, ultimaban los detalles para las contiendas, y el inca revisaba, todos los entrenamientos que disciplinadamente, se realizaban.
En cada combate, cada guerrero estaría protegido por una coraza metálica, que le cubriría todo el pecho y la espalda. En la cabeza llevarían una especie de casquillo, que les permitiría exhibir sus plumas de guerra. Llevarían también un escudo, un arco con flechas. Puntiagudas lanzas, y en la cintura tres pares de huaracas. El rostro lo pintarían, como símbolo de su valentía y bravura. Y un grupo selecto de mujeres, llevaría para los combatientes, hierva medicinal, con utensilios para curar a los heridos. Y cierta cantidad de alimentos, en caso de una retirada.
Ya habían transcurrido nueve días, desde que Pacctallantay había visto por última vez a su amada. A esta hora, ella tenía que estar lejos de Cascaden, a salvo de cualquier peligro. Aquel era el penúltimo día, pues al siguiente Ollancarchy y sus guerreros, estarían emprendiendo su gran epopeya.

Y fue al amanecer de tan esperado día, que Ollancarchy, se puso al frente de su ejército, que ya se encontraba disciplinadamente formado, en el extenso descampado, del campamento.
Con el sunturpauccar en la mano, como símbolo de su poderío y dignidad real. Imponente vestido, el hijo del sol se dirigió los 2,000 bravos guerreros, que tan sólo esperaban su orden, para empezar la magna brega, mientras en lo alto, el sol brillaba radiante y fuerte, como si estuviera complacido, por las acciones que pronto, se habían de realizar...
Lucía gallardo e imponente. Parado frente a su ejército, con la solemnidad de un gran líder, arengó a sus combatientes...
-A ustedes mis guerreros... legítimos descendientes del gran Pachacutec y de Huayna Cápac, mi homenaje, hoy que el destino pone en sus manos, la consigna divina, de recuperar el Tahuantinsuyo.
-Como un tesoro que se busca cuando se ha perdido, así marcharemos con firmeza en busca de las batallas, emulando de nuestros antepasados, su gran dignidad, e indomable bravura.
-De la victoria de ahora, dependerá el imperio del mañana; quiero que en vuestros corazones corra con fuerza, la sangre de nuestra raza eterna, que yo Ollancarchy el inca reinante, estoy seguro estaré premiando en el mañana, todas las victorias por ustedes logradas, Nuestras vidas, son poca ofrenda para tan magna mine causa.
-Castiguemos con firmeza al tirano, y liberémonos de este cruel anonimato, que los opresores nos impusieron.
El Tahuantinsuyo vivirá por siempre, pues nosotros somos un abierto desafío a cualquier omisión. La victoria... hoy sellará con lágrimas, lo que la historia ha esperado, por siempre...-casi gritando dijo- por el dios sol y el Tahuantinsuyo... ¡siempre arriba! ¡...y por siempre libres! -Terminó exclamando-
Enseguida llamó a su lado a los cinco comandantes
Luego de darles las últimas indicaciones, les ordenó que abrieran... ¡por fin... la entrada del túnel secreto!... Por fin sería abierta a la luz, a la justicia, y a la libertad.
Rodeado de los cinco comandantes de su ejército, llamó a su lado al chasqui. Esté sería el guía, pues era el único que conocía el camino... después llamó a su hijo Pacctallantay para que caminase junto a él. Todos formaron frontalmente, enfilando la gran caravana, una vez que todo quedó listo... el inca ordenó por fin la salida del campamento...
Ollancarchy caminaba augusto y marcial junto al chasqui y su hijo el heredero. Seguidos por todo el ejército inca, atravesando el túnel secreto. Muchos siglos de espera, silencio, omisión, e injusticia, aquel día quedaron atrás. Atrás quedaba el olvido, el anonimato, y el destierro...
Al abrirse la salida del túnel secreto, después que el chasqui moviera el enorme tronco, el inca maravillado, contempló el hermoso paisaje andino, que se ofrecía a sus ojos.
Por su mente, pasaron imaginarios recuerdos de la grandeza de sus antepasados, la inmensidad de sus territorios, la soberanía y soberbia de sus gobernantes, y su inmenso legado de patriotismo
Pero... que diferente, era ahora el tiempo... muy diferente. Lo sabía, por eso... ordenó al guía, llevarlo directamente, hasta su primer objetivo.
Así... la gran comitiva guerrera, comenzó en forma silenciosa y prudente, a subir el empinado cerro. Ya habían caminado, más de la mitad del camino, cuando un pequeño grupo de hombres que bajaban a Catache, los alcanzaron a ver.
Rápidamente, extenuados y nerviosos, los hombres regresaron presurosos a la hacienda, para dar aviso a los guardianes creándose entonces la alerta total. Todos los hombres, corrieron rápido a empuñar sus armas, cerrando inmediatamente las entradas de la hacienda.
El guía... al darse cuenta que ya habían sido descubiertos, sugirió al inca empezar con rapidez el ataque. Ollancarchy analizó todo con su hijo, y un grupo de bravos guerreros, desde un altillo que permitía ver de lejos la hacienda. Entonces, dio la orden a sus comandantes, para que comiencen la conquista.
Cada comandante del ejército inca, lideraba por separado a un numeroso grupo de guerreros pues la hacienda sería atacada por sus cuatro lados. Los bravos del imperio, parecían poseídos por el espíritu guerrero de Huayna Cápac, el estratega, que más conquistas, hizo en el Tahuantinsuyo, y en cuyo gobierno, el imperio alcanzó su mayor extensión.
Los guardianes comenzaron a disparar las armas de fuego, pero gracias a las corazas, los guerreros estuvieron protegidos, aunque unos, fueron heridos, por los proyectiles.
La hacienda se encontraba ya cercada... muchos guerreros trataban de escalar los muros, lanzando sus puntiagudas lanzas, y otros, hacían blanco con sus huaracas.
Mientras tanto... el portón de la entrada, estaba siendo forzado por el grupo frontal. Su comandante con férreos gritos, ordenaba que lo derribasen.
Un grupo de treinta hombres cargaron un pesado y enorme tronco, y luego de muchas embestidas, lograron derribar la gran puerta. Ya abierta la entrada, y sin dejar de lanzar gritos de guerra, los combatientes, entraron en la hacienda... la batalla frontal, cuerpo a cuerpo se desataría cruenta y despiadada.
Dotados de un robusto, y corpulento físico, donde sus fuertes brazos, se convertían en tenazas, para la guerra, los guerreros de Ollancarchy, tenían la gran ventaja para ganar la lucha. Muchos cuerpos rodaban por el suelo, mientras el olor a pólvora, emanado por las armas de fuego, impregnaba el lugar, con su olor a guerra...
Habían transcurrido cerca de dos horas, cuando el inca, que arengaba la escena a lo lejos, dio orden a los numerosos guerreros, de elite, para que junto a él, entraran a la hacienda a dar la estocada final.
Así fue... pues cuando Ollancarchy entró victorioso al campo de batalla, ya sus combatientes, casi dominaban el terreno. Aún quedaban algunos guardianes que escondidos en los altos torreones de vigilancia, y entre los rincones, disparaban sus armas, sobre los conquistadores.

Uno de los jefes del ejército inca, ordenó entonces utilizar unas grandes escaleras que había allí, para que sus hombres trepen a los torreones, y tomen prisioneros a los rebeldes. Muchos combatientes fueron heridos, en su afán de trepar los torreones. Mientras los gritos de guerra, daban un aire de gallardía, al escenario bélico.
El grupo de elite, comandado por Ollancarchy, castigaba con rudeza, al enemigo, imponiendo su autoridad, así, el inca reinante, combatía imponente, representando en cada golpe, al ayer, y a la justicia. Cuando al final vencieron, tomaron prisioneros a los resistentes de la lucha... Ollancarchy y sus indómitos guerreros, habían sellado su primera gran victoria.
Todos los hombres, fueron tomados prisioneros. Fue en ese momento, que ingresó el grupo de mujeres, que acompañaba a los combatientes. Venían a curar, a los que habían resultado heridos, después de la batalla.
Como resultado de la brega, quedó un triste saldo de diez guerreros muertos, y cinco guardianes de la hacienda corrieron la misma suerte. Sin embargo había muchos heridos, que serían atendidos de inmediato por las mujeres.
Victorioso el inca, comenzó junto con el heredero, a recorrer todo Cascaden, sentía una gran alegría interior, pues sabía que sus antepasados estarían orgullosos de su hazaña. Luego de recorrer todo el lugar, se dirigió a una planicie, que parecía el lugar, desde donde el dueño de la hacienda se dirigía a sus hombres.
Una vez allí, ordenó que un gran salón que estaba al frente, sea utilizado para llevar a los heridos, y que sean inmediatamente atendidos.
En otro salón desocupado, ordenó que guarden a los prisioneros, que luego recojan todo, porque después de eso, quería a todo el ejército reunido. Por que desde ese mismo lugar estaría dirigiéndose a ellos. Ya al atardecer, después de muchas horas de ajetreos, la hacienda quedó nuevamente limpia y ordenada.
El inca guerrero, siempre con el sunturpauccar en la mano, de manera muy autoritaria, felicitó a sus combatientes...
-Gracias a los grandes esfuerzos, por ustedes realizados, estamos saboreando la victoria de este momento. Se que el espíritu guerrero, de Huayna Cápac, estuvo y estará presente con ustedes, en todas las hazañas que aún, tenemos que cumplir.
-La victoria no es solo mía, también es vuestra. El sol y el Tahuantinsuyo, están complacidos por su esfuerzo y por vuestra entrega -los guerreros escuchaban al inca, mientras en cada uno corría una sensación de estremecimiento y sacudimiento- los felicito, por la victoria de ahora, y también se que los estaré felicitando, por las victorias del mañana. Aquí mismo les digo, que hoy, me pondré de acuerdo con los jefes de mi ejercito, para ultimar detalles de la siguiente batalla que será en dos días.
-Ahora, quiero que todos vayan a descansar, y una vez más les hago llegar mis felicitaciones...-terminó ordenando-
.Los guerreros después de hacer su acostumbrada reverencia se retiraron ordenadamente a descansar.
Llamó entonces a sus cinco comandantes, para autoritariamente Decirles...
-Para ustedes, las felicitaciones son personales... ha sido una gran victoria... estoy orgulloso de ustedes.
-gracias señor- dijo uno de ellos - pero la victoria es suya. Nosotros estamos aquí para obedecerle...
-Así es - dijo complacido - y es por eso, que quiero de una vez, ultimar con ustedes, los detalles de las dos batallas siguientes, que realizaremos en dos días. Escuchen bien...atacaremos Marampampa sin compasión, con ellos también utilizaremos la misma estrategia de guerra, que nos dio la victoria aquí, y los derrotaremos. Como ese campamento es más pequeño, no tendremos mayor resistencia para conquistarlo... ¡también lo someteremos al imperio! después de eso, a los dos días, conquistaremos el campamento de la derecha... Marampampilla
Este campamento, es más pequeño, utilizaremos la misma estrategia, y una vez más la victoria será nuestra.
-Ahora, escuchen bien, una vez sometido al imperio este último campamento, allá nos reuniremos, descansaremos, nos reforzaremos, y también nos reorganizaremos.
-Ahora bien... ¿porqué quiero que todos nos reunamos en marampampilla?... es muy simple, pues allá comienza el camino, por donde emigraron nuestros padres, cuando viajaron desde Cajamarca, hasta el campamento Pachacutec. Yo he visto este camino y otras cosas más, en unos trazos secretos a los que solo yo tengo acceso. Entonces por allí llegaremos a ese lugar.
Ahora, después de esos ocho días, cuando ya tengamos nuestro ejercito reforzado, y reorganizado marcharemos sin perder tiempo, hacía Cajamarca, ese es el lugar, para que ustedes sepan, donde fue apresado, y asesinado nuestro padre Atahualpa. Es allí donde estos imbéciles... -dijo señalando a los prisioneros- se llevaron un cuarto lleno de oro, y dos de plata -al decir esto frunció el ceño con evidente enojo- Nosotros recuperaremos todo eso porque pertenece al imperio. Expulsaremos de una vez, a esos miserables, y recuperaremos Cajamarca.
-Una vez que recuperemos Cajamarca... mi ejército se convertirá, en un frente invencible. De allí iremos directamente a conquistar el Cuzco, la capital del gran imperio, y cuna del Tahuantinsuyo. Y una vez recuperado el Cuzco, habremos levantado de sus cenizas, al imperio del sol.-
Al terminar enérgico de decir esto, miró fijamente al horizonte... y ofreciendo en alto su cetro...agradeció por adelantado las futuras victorias al sol...
-Entonces señores... todo se hará como les he dicho...-
Luego de dar esta orden, se retiró en compañía de cinco de sus coyas más hermosas, a un aposento arreglado especialmente para él.

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Al día siguiente... Pacctallantay el príncipe heredero del zozobrante imperio, y su amigo el chasqui... caminaban por toda la hacienda
Cada rincón le recordaba a Estrellita. Se acordaba mucho de ella... Como olvidar que fue en ese lugar, donde por primera vez escuchó su voz. Fue en ese lugar, donde quedó prendado de ella...allí fue donde había perdido el corazón.
El hubiera querido, que las conquistas hubiesen ya terminado, para ir en busca de ella. Los dos amigos estaban conversando sobre ella, cuando a lo lejos escucharon el fuerte llamado del soberano.
Muy curioso, y a la vez inquieto, el inca miraba la manada de caballos, que estaban amarrados en un corralón, al fondo de la hacienda.
-Yo se montar esos animales -le dijo Pacctallantay respondiendo a su curiosidad- Éste lo miró con extrañeza, y también con intriga...
-No se extrañe padre, pero es que yo puedo montar uno de esos caballos-
Al decir esto, el heredero corrió hasta el corralón, para sacar uno de los corceles. Lo buscó y lo buscó, hasta encontrarlo, ¡si!... allí estaba, era el caballo pinto, aquel que tantas veces había cabalgado, junto a Estrellita. El corcel al sentir su ya conocida presencia, exhibió su hermosura parándose en dos patas, y luego se acercó dócilmente al joven.
Pactallantay lo acarició un poco, y luego con destreza, montó en el noble animal. Después fustigo suavemente al corcel, y este haciendo alarde de su velocidad, emprendió veloz carrera, en derredor de la hacienda.
Después de hacer unas maniobras, que causaron la admiración de los presentes... el joven fue a parar, justamente al lado del soberano.
-Ya ve padre como es fácil... vamos hágalo usted-
El inca, dueño de un recio carácter, acostumbrado a los retos, aceptó inmediatamente la invitación. Después de dos intentos subió al caballo, que se mantenía quieto por orden de Pacctallantay.
Sólo tardó media hora para familiarizarse con el animal, después de ese tiempo, ya era un diestro jinete. Entonces, se dio cuenta, de lo útil que le serían estos animales, en las siguientes batallas.
Todos los caballos fueron esbozados y sacados del corral, y al atardecer, la mayoría de los guerreros ya habían aprendido a cabalgar, y el resto lo haría el siguiente día.
Ollancarchy volvió a montar el caballo pinto. Le gustaba ese corcel, y ya lo había elegido para él. Cabalgó un buen rato, luego ordenó que lo lleven a su corral... luego de dos horas, acompañado por sus coyas se retiró a descansar.
Al día siguiente... mientras el resto de los guerreros practicaba el dominio de los caballos, Pacctallantay salió en el caballo pinto, fuera de la hacienda. Quería recorrer junto al corcel, los lugares que antes había visitado con su amada. Tenía la sensación que ella iba junto a él, entonces una mezcla de melancolía y ensueño, inquietaron su alma. Galopó recordando, y añorando, hasta que caída la tarde, decidió regresar a la hacienda, pues al amanecer, muy temprano, sería la siguiente batalla.

Así fue...pues aun era temprano, recién llegaba el alba... y el ejército de Ollancarchy, ya se encontraba listo para la siguiente ofensiva. Montados en los caballos, sólo esperaban la orden de partida. Al salir de la hacienda, como siempre, el inca iba al frente de sus guerreros. Acompañado del grupo de elite, y de los cinco comandantes, cabalgaba en el caballo pinto, mientras que a su lado Pacctallantay, muy orgulloso avanzaba sobre un potro rojizo.
Sin embargo, había algo notorio, que al príncipe heredero lo mantenía inquieto. El sabía que si quería cambiar las circunstancias, tenía que buscar su propio destino. Eso ya lo había pensado... y mucho. Sentía desazón, porque al realizar este acto, quedaría lejos de su padre, y de los hijos de imperio... pero tenía que hacerlo y ¡ya! No había tiempo para dudas, ni lugar para ellas, pues, quizás en otro momento, su padre no lo hubiera permitido. Por todo eso, y ya muy decidido, inventó aquella excusa... esperando entre dudas, la reacción de su padre.
-Padre...-le dijo, y su mirada era una interrogación- parece que mi caballo se ha malogrado una pata, pues siento que esta cojeando un poco. Dame tu permiso para ir a Cascadén a cambiar de animal, así aprovecharé, para dar orden de inmovilidad a los guardianes de la hacienda, pues puede haber algún contra-ataque sorpresivo, mientras nosotros estamos lejos.-
El inca frenó de golpe su caballo, y fijó la mirada adusta en el rostro intrigado de su hijo. Lo miró unos segundos eternos... y analizó silencioso la situación, después le dio un palmo en el hombro, y le hizo una señal para que se vaya.
-Gracias padre... los alcanzaré en el lugar de la batalla -aseveró el joven, mientras le daba vuelta al potro, buscando el camino hacía la hacienda.
Sabía que esa era su única oportunidad, para hacer lo que debía, iría por fin... a buscar a su amada, y averiguaría en forma frontal, la verdad de la historia incaica.
Mientras tanto... Ollancarchy y sus combatientes, avanzaban rápido, montados en los caballos. A mitad de camino, el chasqui-espía, le dijo que en media hora llegarían a Marampampa. Buscando siempre el factor sorpresa, apresuraron la llegada a la hacienda.
Esta, fue atacada de igual forma que la otra, y antes de las cuatro horas, entraron victoriosos a la hacienda. ¡Había ganado la batalla una vez más!
Una vez que Marampampa fue sometida al imperio, Ollancarchy reconoció el terreno. Luego de felicitar a sus guerreros, ordenó que todo se limpie y ordene todo, pues en dos días, tendrían que marchar a su tercer objetivo, la pequeña...Marampampílla.
Pasaron los dos días... y nuevamente el ejército inca, se encontraba listo para salir en pos de su nueva conquista. Ya diestros en el manejo de los caballos, y las armas, llegaron en dos horas, a la pequeña hacienda.
Atacados por sorpresa... los guardianes de la pequeña hacienda, no pusieron mayor resistencia al numeroso ejército. El inca reinante... una vez más, entró victorioso a la hacienda.
Con majestuosidad y gallardía, paseó su linaje por el nuevo territorio, agradeciendo al sol, y al espíritu guerrero de huayna-Cápac, por las primeras victorias.
Mas, al saber que aún le faltaba pasar las pruebas más dificiles, en la conquista de Cajamarca, y del Cuzco, lo llenaban de valor y coraje.
Al siguiente día, tal como lo había dicho, ordenó a los tres jefes de su ejército, que vayan a las otras haciendas por los demás guerreros. Quería reunir a todos sus combatientes, en Marampampílla, pues allí quería ver a su ejército, en todo su poder y esplendor.
Así fue... y durante los seis días siguientes, se abasteció de lo necesario. Hizo curar a los heridos, y como nunca, el ejército inca, estaba en el mejor de sus apogeos.
Ollancarchy un poco más calmado, estudiaba en esos momentos, los trazos que tenía a la mano. Después de escudriñar, aquel improvisado mapa, se dio cuenta, que si atravesaba por la parte trasera de la cordillera, pasando por Marampampílla, hacía las praderas traseras, entonces encontraría un camino, por los cerros, que los llevaría directo a Cajamarca. Aquello era lo único que le faltaba precisar, y así lo hizo.

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Aquel día, fue el señalado... y el inca, ya estaba montado sobre su brioso y pinto caballo. Lucía sobrio e impenetrable.
Sabía que la gran prueba, iba a empezar, que la verdadera brega recién comenzaría.
En ese día tan esperado, Ollancarchy lucía muy sobrio, e imponente. En su cabeza llevaba puesta con gran orgullo, la mascapaycha, que con sus cuatro cordones, o llautos, eran la representación de la inmensidad, del Tahuantinsuyo.
Un bello manto color rojizo, labrado en oro y plata, donde resaltaba un gran dibujo, en honor al sol...
cubría sus espaldas. En las muñecas, tenía puestas unas hermosas abrazaderas de oro macizo, y en sus manos, el sunturpauccar... símbolo de su alta nobleza, de su dignidad divina, y de su poder real. El sol reluciente, parecía saludar complacido, al imponente soberano.
El ejército inca en pleno, ya se encontraba en perfecta formación listo para partir.
Entonces el monarca, siempre acompañado del grupo de élite, y de sus cinco comandantes, ordenó a su montado ejército la partida.
Entonces... cual Miriam ideé de la cordillera andina, el ejercito imperial comenzó a vivir su gran odisea.
= El reto del Tahuantinsuyo=
Imperturbable... el ejército incaico avanzaba por la cordillera, así después de cabalgar durante siete días, y seis noches, guiados sobre todo, por el instinto agudo del inca... el ejercito, pudo ver a lo lejos por fin, a la andina ciudad de Cajamarca.
Entonces, el soberano ordenó, que se detuviera la marcha.
En ese lugar, a tres kilómetros, tendrían a la vista su objetivo. El inca desde allí podría observar, casi todo el movimiento de la ciudad. Sin embargo, no imaginó, que su cuarto objetivo, fuera tan grande.
-Es grande... pero ahora mi ejército está preparado. Además esto nos pertenece... ¡nunca dejaré todo en manos extrañas!... la victoria será otra vez nuestra-.
Entonces quiso descansar dos días, antes de empezar su gran hazaña Así lo hicieron... sin embargo los guerreros, se encontraban impacientes y ansiosos, por empezar la brega.
Fue por eso... que en el día señalado, antes que llegue el alba, que el ejército incaico, ya se encontraba listo para el combate. El inca reinante, imponentemente vestido, montado sobre su pinto corcel, se dirigió entonces a sus bravos guerreros. Con toda la energía que le daba la realeza de su poder en tono iracundo, y con voz alta casi gritando antes de empezar la embestida... Ollancarchy... dijo éstas últimas palabras.
-Guerreros... si con la sangre nuestra, tenemos que regar esta amada tierra que nos pertenece, la cual nos han arrebatado... ¡así lo haremos!
-Aquí nuestros antepasados, no sólo regaron su sangre, sino también su sudor, pobreza, y también sus lágrimas...¡¡no nos importa morir!! La hora de levantar la dignidad de nuestra raza... ¡ha llegado!
-Libremos de una vez a nuestro imperio, del yugo opresor, y cantemos juntos mañana, el himno de la victoria... llenos de esplendor, de estremecimiento y de orgullo... Que los apus nos protejan-

Fue entonces, que jalando las riendas de su corcel, giró para ponerse al frente de su objetivo.
Los briosos corceles relinchaban intranquilos, y en los pintados rostros de los guerreros, se reflejaba la huella de una larga espera, en anhelos de justicia, de Igualdad. y de libertad. De una libertad oprimida durante muchos siglos.
Radiante el sol... parecía muy complacido, al mirar tan singular acontecimiento. Parecía ayudar con su luz y su calor. Fue entonces que Ollancarchy... ya al frente de su ejército, saludó en lejanías a la pachamama (tierra) Luego fustigando con fuerza su corcel... seguido por su indómito ejército... al emprender la galopante carrera... el inca reinante, gritó, enérgico... con enorme fuerza...

¡¡¡¡ Guerreros....al ataaaqquueeeeeeeee!!!!

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Y así fue que nadando entre las cordilleras el grito imponente del inca reinante, pareció detener el tiempo
o tal vez las punas andinas quisieron mirarlo perpetuo, e indómito...mientras las heladas lagunas serranas se estremecian...como aliadas de aquel imperecedero momento.

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Tercer Capitulo:
Pacctallantay (lazos en el pantano)
Guerrero de ... amor y paz.

Pero... por otro lado... ¿qué había pasado con Pacctallantay durante este tiempo... después de haberse alejado de su padre?...
Sucedió... que después de llegar a la conquistada Cascadén... tan rápido como pudo, el heredero de Ollancarchy... preparó sus cosas para el viaje.
Estaba dispuesto a llegar a Lima, en busca de Estrellita, por eso, escogió entre los prisioneros, al hombre que le pareció el más indicado, para que lo ayude en su propósito.
Después de interrogarlo, aquel prisionero le dijo que conocía muy bien la capital, que si lo sacaba de su prisión, le sería fiel, lo ayudaría y le estaría por siempre agradecido.
Fue por eso, después de ordenarle que se prepare, pues viajarían juntos, que cogió sus pertenencias, y le volvió a ordenar.
-Date prisa... ¡vamos!...muevete ya... tenemos que darnos prisa, antes que mi padre vuelva, o se entere de lo que voy a hacer.-
El prisionero casi corriendo acató la orden. Agarró su mochila, que la escondía, cerca de la celda, e inmediatamente sacó del corralón, dos caballos, para con celeridad; llegar al lado de Pacctallantay.
-Suba en este caballo -le dijo con respeto- que yo iré en el otro. Tenemos que darnos prisa en bajar, y llegar rápido a la carretera, pues es casi seguro que en dos horas, estará pasando, el carro que va para Chiclayo. Allá será nuestro primer destino-
-¡Si... démonos prisa!-
Iban a salir... de pronto el heredero le dijo...
-¡Espera...! ...
Bajó rápido del caballo, y a la carrera entró a un cuarto. Luego de un momento, salió con una mochila. Allí traía algunos objetos labrados en oro, con los cuales pagaría los gastos de aquel viaje. Después de eso, los dos jinetes salieron raudos por el portón de la hacienda, rumbo a su primer destino.
Durante el primer trayecto, en la bajada hacía la carretera... casi no cruzaron palabra. A mitad de camino, sólo se detuvieron para dar de beber agua a los caballos.
Pacctallantay que iba detrás del otro, de cuando en cuando, lo miraba con desconfianza. Sin embargo, sabía que no tenía más opción, que confiar en su guía. En ese momento, y de verdad, no sabía cual de los dos era prisionero del otro. Sin embargo, más allá, algo se le ocurriría, para tener totalmente dominado, a su improvisado compañero.
-Démonos algo de prisa -aclaró el prisionero- sólo tenemos una hora, par alcanzar el carro-
Seguían bajando... y el viaje se hacía cada vez más difícil, debido al rocoso y zigzagueante camino, qué muchas veces hacía resbalar a los caballos. Este era un camino de herradura, en pésimo estado, y estrecho.
Por un lado estaba el alto borde de los rocosos cerros, y por el otro, los profundos abismos, tan propios de la cordillera de los andes.
Venían bajando con cuidado... pero a la altura del puente =Mitka= donde el heredero sabía que se encontraba la entrada del túnel secreto... por mirar hacía el abismo, descuidó por un momento las riendas de su caballo.
El inquieto animal, repentinamente se asustó, y al hacer un incontrolado movimiento, resbaló, perdió el equilibrio, haciendo caer al joven.
Al caer bruscamente por el estrecho puente, su cuerpo pareció escabullirse entre los macizos fierros de protección, y tan sólo su destreza lo salvo de caer al abismo. En un instante, llevado por su felino instinto, pudo agarrarse de las barandas del puente, quedando colgado, y en grave peligro.
Pacctallantay, sabía que en esos momentos su vida dependía de su prisionero. Qué si aquel hombre, aun desconocido lo quería, podía causar su muerte.
Aun colgado, del puente, miró hacía abajo, comprobando la profundidad del vació. Abajo se escuchaba el furioso rugir de las aguas, que al juntarse justamente allí, parecían librar un brutal combate. Arriba estaba la única persona que en ese momento podía salvarle la vida... ¡su prisionero!
La sombra de la duda, si se apoderó del prisionero mas, en los siguientes segundos, decidió hacer lo correcto. Sacó una larga soga de la montura de su caballo, le hizo una especie de lazo, y la arrojó para que el heredero, se agarre de ella.
Pacctallantay luego de unos intentos, tratando de no bambolear, para no caer al abismo... pudo coger la soga, y atársela a la cintura.
El prisionero, ató la cuerda en una de las barandas, para darle mayor seguridad, y luego de jalar, con mucho esfuerzo... logró sacarlo del abismo.
Una vez fuera de peligro, miró con asombro y agradecimiento a su salvador. Sabía que si él hubiera querido, lo hubiera dejado caer, y luego hubiera huido, libre muy lejos. Sin embargo...no lo había hecho. Entonces... ¡podía confiar en él!
-Tengo una gran deuda contigo, y ten por seguro que te la pagaré-
-Bueno hombre... está bien, no es nada. Yo creo que tú hubieras hecho lo mismo. Mejor apresurémonos... o no alcanzaremos el carro-
Los viajeros volvieron a subir a sus monturas, dispuestos a recuperar el tiempo perdido.
-Este es un gran hombre --se decía Pacctallantay mientras lo miraba bajar delante de él, el estrecho y rocoso camino-
Fue al llegar cerca de un cerro que terminaba en punta, donde el prisionero, divisó a lo lejos una solitaria casita. Entonces dijo.
-Estamos llegando... ¡mira! al pie de esa casita está la carretera ¡apurémonos!
Como el camino ya era mas amplio, los jinetes apuraron los caballos, y en pocos minutos llegaron a la casita. Al apear, se dieron cuenta que la casita se encontraba sola. Seguro sus habitantes habían salido.
-Dejemos los caballos amarrados en este árbol -dijo el prisionero- cuando regresen los dueños de la casita, seguro los atenderán. Nosotros tenemos que caminar, quinientos metros todavía, para llegar a la carretera-
-¡Si...si!..Apurémonos-
Después de amarrar los animales, tomaron con celeridad sus pertenencias, apurando su llegada a la carretera.
Al llegar a la amplia carretera, Pacctallantay trató de seguirla con la vista, y se le perdió a la distancia, pues era demasiado prolongada.
-Sentémonos, pues hay que esperar. No demora en pasar el carro que te dije -acotó mientras notaba asombrado a pacctallantay, por lo que comenzaba a conocer.-
Los amigos... se sentaron al borde de la carretera, bajo el fuerte sol. Pacctallantay iba a reiniciar la conversación, y preguntar sobre sus dudas, cuando de pronto, el prisionero se puso de pie. Afinando sus oídos, pudo escuchar a lo lejos, el ruido de un vehículo que se acercaba.
-Ya viene... es el carro. Tal vez tú nunca hayas visto uno... pero no te vayas a asustar. Sígueme tranquilo que yo me encargaré de todo.-
De pie, los dos amigos, miraban hacía la curva, por donde tenía que aparecer el carro, mientras en la parte lateral de la carretera, el gran río Cascash... seguía su no retornable viaje acústico hacía la parte alta de la cordillera de los andes.
El ruido, era cada vez más fuerte, y Pacctallantay estaba inquieto, pues no sabía cual era la forma de un vehículo...
-¿Acaso será como un pájaro? -Se preguntaba- ¡pronto lo sabré!-
El pequeño ómnibus hizo su aparición por la estrecha curva, y Pacctallantay al verlo quiso correr, pero fue detenido, por el brazo férreo de su compañero.
-Ya te lo dije... sígueme con tranquilidad, que yo me encargó de todo .-dijo al hacer una señal con el brazo, para que el carro se detuviera.
El carro llevaba casi la mitad de pasajeros, así que los amigos se sentaron en el medio. El prisionero lo acomodó, cerca a la ventana, para que así pueda conocer, lo que ofrecía el camino, pues aun faltaban ocho horas para llegar a Chiclayo.
Pacctallantay, al observar a través de la ventana, los bellos paisajes andinos... hubiera querido absorberlos. Se sentía parte de ellos, se sentía muy identificado con todo aquello, que hasta sintió al mirar el vuelo de un cóndor, que surcaba los cielos, que ambos eran dueños de esos inmensos parajes. Que aquello era el legado de sus antepasados.
Iba tan absorto en sus pensamientos, que su amigo tuvo que palmotearle el hombro por tercera vez, para que le prestara atención.
-Ya hemos recorrido más de la mitad del camino, y hasta ahora no me has dicho nada -dijo sonriendo el prisionero.-
-Ah!... ¡si!... es verdad... lo que pasa... tú sabes que es la primera vez que veo todo esto, y no quisiera perderme ni un detalle.
Pero dime amigo... ¿cuál es tu nombre?... vamos a pasar mucho tiempo juntos, y bueno... creo que será mejor saberlo.-
-Si claro... bueno mi nombre es Ángel. Y ahora no sé si todavía me consideras tu prisionero, o tu amigo.-.
-¡Mmmhhh!...bueno -respondió bromeando- mi prisionero amigo... no, no...mentira. Solamente eres mi amigo... un gran amigo.
-¡Gracias por salvarme la vida en el puente! ¿Sabes...? Hasta hoy estoy sorprendido. Pudiste dejarme morir en ese abismo, y ahora igualmente serias libre, sin embargo, has demostrado ser un buen hombre.
-Ten por seguro -aseveró- que yo sabré recompensar, lo que hasta ahora has hecho por mí. Te pagaré con bastante oro y plata, pues como heredero al trono de mi padre, toda esa riqueza estará en mis manos. ¡No te olvidaré!-
-Gggracias...-respondió titubeando Ángel- ten la seguridad que tu causa va a ser la mía. Te guiaré fielmente donde vayas, y te ayudaré en lo que pueda. -Pareció que al escuchar de la recompensa, el sentido de lealtad, hubiera aumentado, hacía su compañero.
-Mira vamos a hacer lo siguiente...como yo tengo aquí un dinerito guardado, con el pagaré los pasajes que aquí nos van a cobrar. Una vez en Chiclayo, recién venderemos, algún objeto de oro, de los que traes, para seguir viajando. Yo se donde podemos negociarlos.
-Lo que pasa... te cuento, es que en este nuevo mundo que vas a conocer, todo se paga con dinero. Con esto... ¿ves? -Le dijo mientras le enseñaba un billete y algunas monedas.- ¿te das cuenta...cierto?-
-Si amigo... entonces haremos las cosas como digas. Además... quiera o no, ahora estoy en tus manos. Ahora yo soy tu prisionero... ja-ja-ja-ja- -rió abiertamente.-
Los dos amigos rieron juntos, parecía que se conocían hace mucho tiempo. Aquella sería una amistad verdadera... realmente verdadera.
Durante las horas que restaban para que el ómnibus llegue a Chiclayo, Pacctallantay quiso contarle toda su vida a su buen amigo. Le contó con detalles, todo acerca del campamento Pachacutec. La forma como habían llegado sus antepasados, como habían sobrevivido durante siglos en el clandestinaje, También como conoció a Estrellita, y sus sueños de amor con ella.
Lo único que no le dijo, fue de las batallas que en ese momento estaba librando su padre, para recuperar el imperio.
-Ella es el gran amor de mi vida... ¿sabes?... en mi campamento hay mujeres lindas, hermosas, y con tan sólo llamarlas vendrían a mi lado. Pero...no se porqué... yo amó a Estrellita. A pesar que tengo un gran obstáculo -calló un momento antes de seguir- en las costumbres de mi raza, el inca Pachacutec dejó una ley real, que prohíbe al heredero al trono, unirse a otras mujeres que no sea de su raza. O sea que en mi caso, me está prohibido buscar el amor de Estrellita. Pero... ¿sabes qué, amigo?... no pienso renunciar a ella, por nada... la amó tanto, que no podría vivir sin ella-
Al decir esto, los ojos del joven se llenaron de inmensa ternura. De pronto... la conversación fue interrumpida, cuando el chofer del ómnibus grito...
-Señores... ¡hemos llegado a la ciudad de Chiclayo! En unos minutos estaremos llegando al terminal. Tengan cuidado con sus pertenencias, y gracias por viajar con nosotros-
-Ya llegamos -le dijo Ángel- no olvides conservar la calma. No debes alarmarte por nada, pues estas ciudades grandes son así... están llenas de gente, de carros, de casas, de muchas cosas más, que con seguridad no has visto. Sígueme con tranquilidad, y no te olvides... que yo me encargo de todo-
Al llegar al estacionamiento, los dos amigos bajaron despacio, luego recogieron sus cosas, y salieron del terminal.
Ya afuera, Ángel resueltamente tomó los servicios de un taxi, para dirigirse al negocio de un amigo, que se dedicaba a la compra-venta de joyas de alta calidad
-¡Ismael!...-lo saludó eufórico al verlo ¿Cómo estas?-
-Ángel... muchacho, al tiempo que te veo... ¿Cómo andas?-
-Muy bien gracias ¡ah!... mira... te presento a un buen amigo-
-Mucho gusto -algo confundido, Pacctallantay le dio la mano.-
-Bueno Ismael... tú sabes que cuando vengo a visitarte, es por algo, sin embargo hoy traigo algo que va a gustarte mucho... ¡mira esto! -Le dijo, a la vez que le enseñaba, un pequeño adorno inca, que con anterioridad había separado-
-Mmmhhh... esto oro puro, y del bueno. Déjame examinarlo-
Después de ciertas pruebas que le hizo a la joya, exclamó maravillado...
-Pero si esto es oro puro. Es una joya muy exquisita y autentica-
-Bien... entonces, dame un buen precio-
-Mira... yo sé lo que vale esto -dijo el otro- no quiero robarte. Te voy a pagar mmmhhh déjame ver... tres mil soles... y no me digas nada antes que me arrepienta-
-Está bien... está bien... ¡caramba! pero date prisa, porque tengo que continuar un largo viaje. Ve rápido y trae el dinero-
Ismael abrió la caja pagadora, y les entregó el dinero, a los improvisados vendedores.
Después de recibir el dinero, se despidieron del amigo, no sin antes prometerle un pronto regreso.
-Entonces... ¡mira! ya tenemos el dinero, vamos de una vez a la agencia. Allí tomaremos el bus, que nos llevará a Lima-
-Sí... como digas... vamos-
Los amigos abordaron un taxi, hacía la agencia. Al llegar compraron pasajes para las ocho p.m., luego se acomodaron, esperando la hora de salida
Media hora después... los pasajeros fueron llamados para abordar el bus. Subieron al vehículo, y al ocupar sus respectivos asientos, acomodaron sus mochilas, listos para emprender el viaj